Los puestos de castañas regresan a las calles para ambientar el otoño

El asado de castañas se ha convertido en una de las tradiciones salmantinas más emblemáticas de la estación actual. Los puestos, situados por toda la ciudad, están regentados por castañeros que hablan de su oficio como uno de los más especiales

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Puesto de castañas de la calle Toro en el que trabajan Mercedes Sastre y su marido.

Todavía es otoño pero Salamanca ya empieza a mostrar las primeras señales de que el invierno se acerca. Con menos de 5 grados en el exterior, los charros continúan con sus compras por la Calle Toro al tiempo que Mercedes Sastre se prepara para comenzar su jornada. Mientras su marido trae los sacos de castañas procedentes de diferentes puntos de la provincia como la Sierra de Francia o Béjar, ella prepara las brasas para asar las primeras de la tarde.

El olor inconfundible del fruto otoñal comienza a inundar las inmediaciones del puesto y los viandantes forman una cola. Diez castañas, un euro, reza el cartel. Este es el principio de la tarde, una situación que se repite cada día desde el pasado 26 de octubre y que lo hará hasta enero. Pero esta no es la primera vez, Mercedes lleva vendiendo este fruto seco, invierno tras invierno, durante los últimos ocho años.

Los puestos de castañas asadas se han convertido en una tradición en la ciudad de Salamanca. Desde que el Ayuntamiento los instalara hace años, son uno de los sellos de la ciudad, tanto en el otoño, como en el invierno. Sin embargo, la tradición y el oficio de castañero provienen de tiempo atrás.

Sin ir más lejos, Mercedes Sastre, encargada del puesto de castañas asadas en la Calle Toro, nos cuenta que su andadura en este oficio comenzó hace 30 años, en concreto, en 1988. Fruto de una casualidad en su época de estudiante y animada por unos amigos que ya contaban con un puesto en el emblemático Pato Rojo, Mercedes se embarcó junto a su marido, en un oficio al que ha dedicado los últimos inviernos.

Tal y como apunta la castañera, en aquel entonces, los puestos no eran propiedad del Ayuntamiento, sino que los ponían los propios salmantinos. No obstante, ahora el procedimiento ha cambiado y la adjudicación de los puestos disponibles se realiza por concurso público.

 

Asadina, una asociación dedicada a las castañas

Pero no solo los particulares participan en este sorteo. Salamanca también cuenta con una asociación de castañeros que se agrupan bajo el nombre de Asadina. La empresa, que dio sus primero pasos en el año 2002, está especializada en el trato de la castaña desde el momento de su producción y selección, hasta su posterior comercialización.

A ella pertenece Hernán Molina, castañero en el puesto situado en frente del parque de los Jesuitas. Vestido con abrigo y guantes, le da la vuelta a algunas castañas que ya están casi tostadas, mientras afirma que es la cooperativa la que se encarga de repartir los quioscos entre los asociados. Sin embargo, y a pesar de no haber sido él la persona que eligió la localización del punto de venta en el que trabaja, está contento con los resultados que obtiene. “Se trabajan cinco horas y algo se hace para comer”, señala.

 

Un trabajo especial

Ya hayan adquirido el puesto por cuenta propia o a través de la cooperativa, los encargados de los quioscos parecen coincidir en que sienten un cariño especial por el oficio de castañero. Hernán Molina, por ejemplo, destaca que tanto el asado de castañas como la figura del castañero forman parte de la tradición salmantina, por lo que ambas se deben mantener a pesar del paso del tiempo.

Este cariño también se ve reflejado cuando se les pregunta por el frío. Teniendo en cuenta que su jornada comienza cuando cae el sol en el duro invierno salmantino, cabría esperar que el clima no acompaña al oficio. Sin embargo, los castañeros afirman que no pasan tanto frío como parece, al tiempo que miran las brasas con las que asan el fruto seco. Mercedes Sastre llega incluso más allá señalando que “hay pocos trabajos buenos pero que el de castañero es uno de ellos”.

Además, se trata de una ocupación que deja grandes anécdotas. Una de ellas la cuenta Mercedes entre risas, al recordar cómo una señora se acercó a su puesto y llegó a ofrecerle 10 euros por una sola castaña. Una cantidad desorbitada si se tiene en cuenta que se pueden adquirir 10 castañas por solo un euro.

El buen humor de los castañeros al enfrentarse a su jornada laboral unido a la tradición salmantina parecen presagiar que el olor de este fruto seco acompañará a la ciudad durante muchos años más. Y es que es imposible no detenerse a degustar unas castañas asadas mientras se pasea por sus calles. Así, todo indica a que el futuro de la tradición no corre ningún tipo de peligro.

 

Puestos, concurso público y requisitos

Actualmente, hay alrededor de una docena de quioscos de asado de castañas distribuidos por toda la ciudad. Estos se sitúan en lugares clave como la Rúa, la Alamedilla o la Plaza de los Bandos.

La adjudicación de los puestos de castañas del Ayuntamiento de Salamanca se realiza a través de un concurso público al que pueden presentarse todas aquellas personas que estén interesadas en hacerse cargo de alguno de ellos. Por lo general, el plazo para presentar la petición se abre de mediados de septiembre hasta principios de octubre.

Los interesados deberán presentar la instancia debidamente cumplimentada, una fotocopia del D.N.I del solicitante, una fotocopia del alta en el Impuesto de Actividades Económicas y otra del pago en las cotizaciones a la Seguridad Social en el régimen de autónomos, certificado de no tener deudas con la Seguridad y certificado de no tenerlas con el Ayuntamiento, y la fotocopia del precio público correspondiente por ocupación de vía pública.
Días después de cerrarse el plazo de inscripción, se celebra el sorteo en el que se requiere la presencia del solicitante.

 

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Hernán Molina, en el puesto del Paseo San Antonio.
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Castañas asadas.

 

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