La Nasa catalana

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Una de las ventajas de vivir tallado en una pared de piedra es que no tengo que consultar en el BOCYL a dónde podré ir o no ir a partir de este viernes, cuando entra en vigor del Real Decreto de la Junta de Castilla y León con nuevas restricciones decretadas para intentar frenar la expansión de la pandemia. Veo a las pocas personas que pasean por la plaza de Anaya discutiendo encendidamente sobre si un centro comercial de 2.600 metros podrá abrir sus puertas o si las papelerías pueden sobrepasar un ratito el horario del toque de queda. Todo es un lío descomunal, en el que unos sí y otros también nos sentimos agraviados por esta o la otra restricción.

En este contexto nacional de otoño que ya nos huele a confinamiento primaveral, el Govern de Torra ha tirado por la calle de en medio y ha anunciado que proyecta para el primer semestre de 2021 el lanzamiento al espacio de dos nanosatélites. Con ellos proyecta “desplegar servicios experimentales de conectividad global y de observación terrestre” mediante la puesta en órbita de dos cacharritos de menos de 10 kilos de peso cada uno que complementarán las redes 5G para impulsar el llamado  internet de las cosas.

Cuando surgió la noticia, hace unos días, tuve que leerla dos veces y limpiar bien el visor de la escafandra para asegurarme de lo que estaba leyendo. La estrategia “Space News” ya ha sido bautizada rápidamente por los observadores avispados como “la NASA catalana”. Y a partir de esto, los chistes ya vienen solos.

Dice el conseller de turno que la inversión, de 18 millones de euros en cofinanciación con el Feder, multiplicará el breve plazo el número de empresas del sector y generará miles de empleos. Yo no puedo dejar de pensar en una tostadora con barretina y bandera cuatribarrada orbitando a 2.000 kilómetros de la tierra, muy por encima de los controles del espacio aéreo de Madrit.

¿Y eso de la observación terrestre? ¿Se verá el lago de Banyoles a dos mil kilómetros de altura? Y lo que es más grave, ¿debe preocuparse el Gobierno de un uso inadecuado de estos nanosatélites en el caso de que, pongamos por ejemplo, se orientasen hacia Procés 2.0 perpetrado desde las alturas?

A estos desvaríos dedico las horas de ocio que me deja la ausencia de turistas en los puentes de otoño. Como a calcular que los 18 millones de euros de presupuesto de la “NASA catalana” viene a ser lo que el Barça paga a Leo Messi en un par de meses.

O lo que el Estado invertirá este año en la electrificación de la línea férrea entre Salamanca y Fuentes de Oñoro. Es demagogia, lo sé. Pero el arte de gobernar supone acertar con la determinación de las prioridades. Y no sé yo si lanzar satélites será un asunto prioritario en Cataluña con la que está cayendo.

astroimper@telefonica.net
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