De agujeros negros

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Le acaban de conceder el Premio Nobel de Física a tres investigadores por arrojar luz –vale, el chiste no es mío- sobre los agujeros negros. Roger Penrose, Reinhard Genzel y Andrea Ghez, un británico, un alemán y una estadounidense, han conseguido relacionar estos fenómenos astronómicos colosales con la teoría de la relatividad de Einstein y han confirmado la existencia de uno de ellos en el centro de la Vía Láctea. Pues de agujeros negros sabemos mucho en Salamanca y, lamentablemente, nadie ha querido reconocer nuestros descubrimientos.

Sería muy fácil enumerar una larga lista de calles oscuras con iluminación insuficiente por las que hay que ser un valiente —una valiente— para adentrarse en soledad a ciertas horas tardías. En esos agujeros negros, las masas que se adentran corren riesgo de quedarse atrapadas y no sé si de ser absorbidas, pero al menos seguro que se llevan un buen susto. Pero precisamente ahora, con el turismo tan boyante, el Ayuntamiento se va a gastar medio millón de euros para renovar la iluminación de la Plaza Mayor poniendo luces led que le darán un color “blanco cálido”. No sé cómo resultará esta renovación, pero sí que veo bien lo del color cálido ahora que entran los fríos y necesitamos apurar el disfrute de las terrazas por e temita ese que todos estamos pensando.

Hay otro tipo de agujeros negros en sentido más figurado que resultan más preocupantes aquí y ahora. Me refiero a los agujeros negros en la contabilidad de los partidos políticos, además de en su ética de comportamiento. Son esos agujeros que lucen como destrozos de polilla que aparecen al airear el armario, secretos mal guardados que un día han de descubrirse, comportamientos corruptos de gentes malvadas que además son gilipollas porque acaban cayendo, y deberían saberlo. Grandes manchas negras, en el corazón de nuestro sistema, de nuestra propia Vía Láctea.

Aunque a mí los agujeros negros que más me están doliendo estos días son los que roen las conciencias de quienes, encargados de gestionar la preservación de las vidas ajenas durante la pandemia, se preocupan tan solo de salvar su culo y de rendir cuentas al jefecillo de turno, jadeando a la espera de la galleta de premio. Perritos falderos fieles que prefieren ladrar al oponente antes que cumplir su labor. Pónganles ustedes cara, porque los hay en prácticamente todas las trincheras.

De ellos, de los agujeros negros de su inutilidad, es la culpa de que este astronauta no esté ahora esperando el aluvión de turistas del puente del Pilar, que este año, como en los puentes anteriores, se esfumarán de nuestras calles. Este año tan negro lleno de agujeros.   

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