Serenidad

manuel valls gordejo

1. El escritor lee en Internet una frase de Borges. No puede confirmar si salió de la mente del escritor argentino, no pone la mano en el fuego por nada visto en las redes. La verdad en la Red es un puñado de bits inasibles en estado gaseoso. Sea la cita apócrifa o no, el escritor copia las palabras en su libreta de tapas de hule negro, en la que apunta citas como hitos en una guía de viaje. Imagina a Borges sentado en su mesa: escribe con el rostro casi pegado al papel. En la habitación hay una bruma densa, solo se distingue una mesa de madera maciza, un sillón de cuero y la cabeza del genio argentino. Borges piensa que buscar la serenidad es una ambición más razonable que buscar la felicidad. Cree que la serenidad es una forma de felicidad. Entonces Borges levanta la cabeza y deja salir el aire de sus pulmones con lentitud premeditada. Y la bruma esconde la escena y solo se escuchan sirenas lejanas, como de puerto escondido en un rincón secreto de la costa.

2. La serenidad es la cualidad de sereno, según dice la RAE en su diccionario. Y también dice: Sereno: 2. adj. Apacible, sosegado, sin turbación física o moral.

La serenidad es el primer día de primavera en el que las abejas salen de la colmena a trabajar y el aire se llena de zumbidos tenues y tareas dulces

3. La serenidad es un mirlo que canta sobre un tejado a primera hora de la mañana. Es una nube que navega en el océano invertido del cielo dispuesta a dar la vuelta al mundo. La serenidad es el primer día de primavera en el que las abejas salen de la colmena a trabajar y el aire se llena de zumbidos tenues y tareas dulces. La serenidad son las flores de los cerezos empeñadas en recordarnos que todo funciona, que no desmayemos, que respiremos. Es una mañana de primavera al pie del Tormes con la caña en la mano, despreocupado de pescar, conversando con los reflejos del agua mientras mi padre pesca unos metros más allá, aguas arriba. Es la carretera que empieza aquí, de madrugada, cuando el Sol sale de su descanso con la única intención de dibujar las montañas del fondo del paisaje y acaba allí, en el mar, justo antes de que el Sol deje caer el horizonte al fondo, donde empieza todo tras las olas. La serenidad es la escala de do. Y los acordes mayores. Y los acordes menores, y los acordes de séptima. Hasta los acordes disminuidos son la serenidad. Y también: las cuerdas de la guitarra que hacen daño pero te aman. La serenidad son sus manos y sus brazos y sus voces y sus risas, como un refugio o un castillo o un mundo, todo a la vez, en todo momento, y siempre, siempre, siempre. Y es tan solo tu mano, en mi cara, con los ojos cerrados detrás de la luz, y tu aliento: siempre (siempre). La serenidad es el páramo suave de mi respiración. Donde hay silencio. Y un viento ligero. Tan solo se escucha un zumbido, un rumor orgánico. Que debo ser yo. Que soy yo.

4. Borges tenía razón.

mvallsgordejo@hotmail.com

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