No me toquen a las gordas

Las gordas del chino me tocan un poco las narices, pero quien toque a mis gordas se verá con mis botas espaciales

Escultura de Xu Hongfei, en la plaza de Anaya.
Escultura de Xu Hongfei, en la plaza de Anaya.

Lo primero de todo he de decir que yo siempre he estado a favor de la libre competencia. Desde que fui concebido junto a todos mis compañeros en esta Portada de Ramos de la Catedral, estoy acostumbrado a disputarme con ellos las atenciones de los turistas. Cierto es que en esta dura contienda por ser el objetivo del dedo que apunta y de la foto yo llevo las de ganar, ya sea porque siempre he sido el rarito o por lo que sea, y, en consecuencia, los habituales salvajes me han tenido en su punto de mira para causarme daños con las pertinentes barrabasadas.

Y a este punto quería yo llegar. La semana pasada el centro de la ciudad se vio invadido por unas esculturas muy poco clásicas del artista chino Xu Hongfei que han dado mucho que hablar. La mayoría son señoras y señores gordos que se afanan en hacer equilibrios en posturas inverosímiles o componiendo figuras imposibles para seres de tamaño volumen y tan escasa agilidad y condición física. Ah, amigos, pero el arte no entiende de lógicas, y estas estatuas de fibra de vidrio se han convertido en pocos días en reinas del selfie callejero y atracción ciudadana de primera magnitud. Yo, como les decía al principio, celoso no soy, aunque me hayan colocado nada menos que cinco grupos de gordos y gordas justamente en la plaza de Anaya que desde hace días me roban todo el protagonismo. Bien, hoy reinan pero ustedes y yo las veremos desfilar el 3 de marzo y dentro de poco nadie las recordará. Sin embargo, y aquí me pondré muy serio, mi espíritu solidario de obra escultórica de solera hierve de ira cuando agreden a un compañero, como cuando el otro día uno o varios bestias se cargaron una de las obras que estaba en la plaza de Santa Eulalia y la bajaron hasta Bermejeros. Siendo como soy yo poco amigo de la violencia, de la patada en el trasero que le arreaba con mis botas diseñadas para pisar suelo extraterrestre le podría yo en órbita al imbécil que se pavoneó de madrugada destruyendo una obra de arte colocada para el deleite de todos.

Y este era el conciliador mensaje que yo les había preparado para hoy viernes. Las gordas del chino me tocan un poco las narices, pero quien toque a mis gordas se verá con mis botas espaciales. He dicho.

astroimper@telefonica.net

¿Quieres ser el primero en comentar?

Deja un comentario

Tu dirección de correo no será publicada.


*