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miércoles, febrero 24, 2021

Madrigal de las Altas Torres y Arévalo

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Son numerosos los lugares en los que la Reina Isabel la Católica desarrolló su vida, pero es en Madrigal de las Altas Torres y Arévalo, donde nació y vivió sus primeros años. Se trata de dos poblaciones con una considerable importancia en el devenir histórico de Castilla. Estas tierras de la llanura cerealística típica castellana dejan en la mirada del viajero una imagen fiel y un significado cultural e histórico al camino.

Madrigal de las Altas Torres sorprende por su gran recinto amurallado en ladrillo, de estilo mudéjar y origen musulmán, con un perímetro de casi tres kilómetros. Tiene cuatro puertas que conserva, casi fielmente, su estructura medieval; de hecho, se encuentra entre las mejores conservadas de toda España, lo que da idea de la importancia de esta población, pues rivalizó en su época con Medina del Campo y sobre todo con Arévalo. Su esplendor llegó con el reinado de Juan II, quien construyó un pequeño palacio y convocó Cortes aquí en 1438. La presencia de los Reyes en esta Villa fue frecuente, además de casarse en segundas nupcias con Isabel de Portugal en la Iglesia de San Nicolás de Bari. Fruto de ese matrimonio nacería en Madrigal, Isabel la Católica, el 22 de abril de 1451.

Aparte de sus murallas, el Convento extramuros de los Agustinos donde murió Fray Luis de León, la iglesia de Santa María del Castillo y otros monumentos, el espacio más significativo para visitar, es el antiguo Palacio del rey Juan II, donde nació Isabel, hoy monasterio de Santa María de Gracia de monjas Agustinas.

Siguiendo nuestra excursión y las huellas de Isabel, llegamos a Arévalo, un lugar de gran interés histórico, patrimonial y gastronómico. Ese vínculo con la dinastía Trastámara hizo que fuera una de las poblaciones más importantes de Castilla. Enrique IV convocó Cortes e Isabel de Portugal fijó aquí su residencia, transcurriendo aquí la infancia de los infantes Alfonso e Isabel, hasta que fueron llevados a Segovia. También San Juan de la Cruz vivió de niño en Arévalo.

Recorrer sus calles nos hace saborear su carácter medieval, pudiendo disfrutar de su arquitectura eminentemente mudéjar. También es más que recomendable pasear por su preciosa plaza antigua de la Villa, y sus iglesias del siglo XII: San Martín y Santa María la Mayor. Y no podemos olvidar la ermita de la Lugareja.

Tras este largo recorrido qué mejor que finalizar delante de una mesa para saborear su famoso cochinillo asado en alguno de sus restaurantes y el típico pan candeal.

rbernal@hotmail.es

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