La noche en que Fray Luis estornudó

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Monumento a Fray Luis de León, en el Patio de Escuelas.
Monumento a Fray Luis de León, en el Patio de Escuelas.

Me cuentan que sucedió el pasado miércoles, a eso de las ocho y veinticinco de la tarde. Ya había caído la noche sobre la ciudad y unos pocos estudiantes caminaban Libreros arriba por delante de la fachada de la Universidad, cuando Fray Luis de León estornudó sonora y copiosamente, desde lo alto de su pedestal. Fue un estornudo potente y airoso, uno de los que alivian y te dejan como nuevo. Pero no crean que el viejo profesor y poeta se protegió con el codo, como mandan los cánones, no, que va. Aquella tempestad respiratoria regó indiscriminadamente hasta el último rincón del Patio de Escuelas de la Universidad y de sus moradores.

El silencio de la noche se hizo más intenso, si cabía. Esa misma tarde se había anunciado la primera muerte ocurrida en España de una persona con el virus de moda, y horas antes, por la mañana, se supo del primer caso en Salamanca. Me cuentan también que todas las figuras de la fachada plateresca se miraron con asombro y preocupación, y hasta el más famoso joven de la crestería del edificio del Rectorado interrumpió sus trabajos manuales de autosatisfacción para procesar mentalmente lo que podía significar aquello. Nadie recordaba un estornudo semejante de Fray Luis, tan imperial, tan estremecedor, tan grandioso.

Desde esa noche y como no podía ser de otra manera, ha cundido el pánico entre las esculturas y relieves del recinto histórico. Más aún cuando en la mañana de ayer jueves, los Reyes Católicos amanecieron con sendos ataques de tos que ya no dejaban resquicio a la duda. Ni los que somos de piedra nos vamos a librar del coronavirus. Sé de buena tinta que la rana ha salido por patas para evitar el contagio y se ha impuesto una cuarentena a la orilla del río. Como en otras veces, ha dejado en su lugar un pegote de chicle gris para que nadie note su ausencia. Parece que por el camino saludó a un sorprendido Padre Cámara, que le interpeló sobre el motivo de su paso apresurado. Anoche el Padre ya moqueaba. Estamos jodidos y bien jodidos. Los más veteranos se están echando a temblar. Yo me he cerrado sutilmente la escafandra, aunque temo que ya sea demasiado tarde. Maldición.

astroimper@telefonica.net

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