Otras cosas que cuestan en enero

Esas visitas a la frutería y a los centros de trabajo, esos encuentros con niños… Esa cercanía que cuesta creer

Carlos García Carbayo, alcalde de Salamanca, durante su investidura el pasado 20 de diciembre.
Carlos García Carbayo, alcalde de Salamanca, durante su investidura el pasado 20 de diciembre.

Este primer mes de año impar ya nos ha traído un eclipse de Luna, algo de lluvia y bastante frío. Ninguno de estos sucesos pueden considerarse presagios de que nos espere un año de bienes, pero aún estamos en la cuesta de enero y hay que darle tiempo. Nosotros cumpliremos 15 años en la calle nada menos, y ya solo por eso merecerá la pena que sobrevivamos a esta maldita y tradicional cuesta para encaramarnos al también desabrido febrero y luego seguir deshojando el calendario con algo más de alegría, que de eso se trata.

Cumplido este prólogo tan formal, vamos a repartir estopa. El alcalde de Salamanca no tiene Twitter. ¿Pero esto cómo es posible? ¿Puede permitirse el primero de los salmantinos permanecer ajeno a la mayor plaza pública de opiniones en la aldea global? ¿Va a quedarse al margen del caldo donde bullen las ideas que mueven el mundo? ¿Pretende vivir lejos del maremágnum de los fenómenos virales? ¿De la voz del pueblo que adula, cuestiona y exige? ¿Del que también menosprecia e insulta? ¿Va a ignorar tantas voces anónimas que faltan al respeto, trolean, acosan y vejan sin miramientos? Bueno, pues va a ser que sí, porque estar en las redes sociales no garantiza a los políticos estar cerca de su pueblo. En esto Carlos García-Carbayo se desmarca de su antecesor, @alferma1 de Salamanca y V de Valladolid, quien centró una campaña electoral a las municipales en torno a aquel simpático muñequito virtual que atendía las consultas y peticiones de los ciudadanos y del que luego nunca más se supo.

Yo creo que este nimio detalle no permite sacar conclusión alguna sobre el talante del nuevo alcalde. Además, mi intuición de astronauta está entrenada en otras pericias más relacionadas con la navegación extraterrestre y no se me pueden pedir muchas peras siendo un olmo. Pero el ejemplo me sirve para subrayar el bombardeo de gestos postizos a los que nos tienen acostumbrados nuestros políticos y que de aquí a mayo nos cansaremos de presenciar: esas visitas a la frutería y a los centros de trabajo, esos encuentros con niños… Esa cercanía que cuesta creer. Que cuesta más que subir la propia cuesta de enero. Que vaya que si cuesta.

astroimper@telefonica.net

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