Un grano en una cacerola de arroz

Este año tampoco nos tocará, pero no podemos dejar de jugar porque no concebimos que el día que -vaya usted a saber- nos toque la Lotería, nosotros nos quedemos fuera de la fiesta

Lotería de Navidad.
Lotería de Navidad.

Mañana es el sorteo del Gordo de la Lotería de Navidad, en el que todos ustedes, y yo mismo, tenemos alguna secreta esperanza puesta. Les propongo que juguemos a un juego muy sencillito. Vayan al súper y compren tres paquetes de arroz de un kilo cada uno. Da igual la marca. Vayan a casa, abren el primer paquete y vacíenlo en una gran cacerola. Después, abran el segundo paquete y repitan el ritual. Hasta el último grano, que no se escape. Por último, viertan la mitad del tercer kilo y seguidamente, la mitad de esa segunda mitad. ¿Ya? Vale. Ahora fíjense bien en toda esa cantidad de arroz. Hay como para invitar a una paella todo el edificio. Les han informado de que en esa cacerola llena de arroz, uno de los granos es rojo. Solo uno. Si cierran los ojos, meten la mano en la cacerola, escogen uno y es el rojo, serán multimillonarios y sus problemas económicos se solucionarán para el resto de sus días.

Pues así de difícil es que nos toque el Gordo de Navidad. Siento haberles dado un golpe de realidad, un cacerolazo en esa cabeza llena de ilusiones. Este año tampoco nos tocará, pero no podemos dejar de jugar porque no concebimos que el día que -vaya usted a saber- nos toque la Lotería, nosotros nos quedemos fuera de la fiesta. Eso sí que sería un desastre completo: ver la felicidad ajena tan cerca mientras yo estoy excluido de ella por despiste, por pereza, por lo que sea. Y no poder culpar más que a uno mismo. Por eso nos gusta hacer manada, para correr la misma suerte. O la misma frustración, que suele ser lo habitual.

Serán las primeras navidades en las que Carlos García Carbayo se comerá los turrones como alcalde de Salamanca y también las primeras en muchos años en las que José Mourinho se comerá lo que quiera que suela comer el entrenador portugués sumido en un estado bastante inusual para el: el desempleo. Una familia zamorana se sentará a cenar este lunes llorando la ausencia de una joven vida arrancada demasiado pronto, cuando se preparaba para florecer. Y otra familia, también con una silla vacía, tal vez respire aliviada porque su hijo y hermano ya no hará más daño a personas inocentes. Es Navidad. Disfruten de la vida presente, y de la familia, y de ese arroz. Si puede ser, con langostinos.

astroimper@telefonica.net

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