Las Veguillas honran al Cristo de Cabrera

Del 14 al 18 de junio, la localidad salmantina vitoreará un año más a su patrón, el indestructible, que reúne a cientos de devotos y tras el que se esconde una de las leyendas más insólitas de la provincia salmantina

Una imagen de años anteriores de los fieles congregados ante el Cristo de Cabrera.
Una imagen de años anteriores de los fieles congregados ante el Cristo de Cabrera.

Muchos son los que se reunirán a la localidad salmantina de Las Veguillas para honrar a su patrón, el Cristo de Cabrera, que vive sus festejos del 14 al 18 de junio.

Cuenta la leyenda que un pastor encontró la imagen del cristo en el hueco de una encina

Y es que el día grande, el 18, cientos de salmantinos se dan cita en torno al santo del que pende una original leyenda. Sin embargo, ya desde el viernes, 14, son varias las propuestas para hacer de esta localidad un emplazamiento idóneo para el fin de semana.

Orquestas, teatro, actividades lúdicas y religiosas componen un programa que es apto para todos los públicos, pequeños y mayores.

Las Veguillas se encuentran en un lugar rodeado por numerosos parajes parajes naturales que hacen las delicias de visitantes y senderistas que quieren encontrar en este emplazamiento un remanso de paz por descubrir en plena naturaleza. Este paraje también forma parte de una historia que esconde el indestructible Cristo, o su talla.

Cuenta la leyenda que, junto a la Sierra de Dueña, entre encinas y robles, entre ganado bravo, cercas y charcas, un pastor encontró en el hueco de una encina la imagen de un cristo. La talla era de tal proporción que el ganadero no pudo sacarla. Por este motivo, decidió llamar a unos labriegos de la zona para poder transportarla hasta Llen (lugar que, en la actualidad, se encuentra anexo al pueblo de Las Veguillas y que, antiguamente, era el principal núcleo de población de este rincón salmantino que contaba, incluso, con palacio propio.

Tras ser colocada en un carro con bueyes, al pasar por la dehesa de Cabrera, los animales se detuvieron en seco. No pudieron avanzar más. Éstos permanecían misteriosamente anclados a la tierra a pesar de los incansables esfuerzos de los campesinos por moverlos. Hastiados de baldíos intentos, la fatiga despejó sus mentes para comprender que el Cristo no deseaba otra cosa que permanecer allí por el resto de la eternidad. Y, así, surgió la ermita de Cabrera para rendirle culto. La historia se extendió por doquier, tanto que, durante décadas, un ermitaño permaneció junto al santuario, recibiendo limosnas. Miles de personas acudían hasta la imagen para rendirle culto.

También dicen que, durante la Guerra de la Independencia, los franceses saquearon el lugar en su huida despavorida tras la Batalla de Los Arapiles en octubre de 1812. Cuando se marchaban con el botín, repararon en el Cristo, que los espiaba y cuentan que los soldados intentaron quemar la talla una y mil veces, pero la madera no ardió. Asombrados y atemorizados, los franceses huyeron despavoridos y no regresaron jamás.

La pequeña ermita se recompuso en 1814 y se retomaron los festejos taurinos y la romería del Cristo de Cabrera se transformó en una de las manifestaciones religiosas más singulares de la provincia.

En la Guerra Civil Española se trasladar de nuevo la imagen pero, al igual que ya sucediera anteriormente, no se pudo. Las ruedas de los carros se hundían en la tierra y los bueyes se negaban a caminar.

La veneración a este cristo se remonta al siglo XVII. Desde 1714 hay escritos de devotos fieles y, desde el siglo XVIII, cada 18 de junio (sin motivo justificado), se festeja al patrón.

El secreto mejor guardado de la salmantina más longeva

¿Quieres ser el primero en comentar?

Deja un comentario

Tu dirección de correo no será publicada.


*