La Salamanca del siglo XX narrada por dos centenarios

Juntos suman más de doscientos años, pero Jesús Revesado y Encarnación Gómez atesoran en sus memorias cada recuerdo vivido. Sus historias, aunque diferentes, cuentan con numerosas similitudes que reflejan la realidad de la provincia durante la primera mitad del siglo pasado

Los centenarios Jesús Revesado y Encarnación Gómez, en una de las salas de la Residencia Usera de Salamanca.
Los centenarios Jesús Revesado y Encarnación Gómez, en una de las salas de la Residencia Usera de Salamanca.

Pocos relatos son tan valiosos como aquellos que están marcados por la experiencia y forjados por el paso del tiempo. Quizá éste sea el motivo por el que escuchar a los centenarios Jesús Revesado y Encarnación Gómez es un auténtico regalo. Residentes en el Centro de Mayores Usera de Salamanca, cada uno de ellos ha escrito su propia historia de vida. Una historia que, a pesar de ser distinta a la del otro, cuenta con infinidad de puntos comunes. ¿Casualidad? Quizá. Pero lo cierto es que todas esas coincidencias conforman un claro retrato de la Salamanca rural a principios del siglo XX. Recordemos, Jesús nació en el año 1918 y Encarnación, un poco más tarde, en el 1919.

De origen humilde, ambos tienen sus raíces en dos pequeñas localidades de la provincia. Él en Yecla de Yeltes. Ella en Navalmoral de Béjar. Sus primeros recuerdos, como los de tantos otros salmantinos, son de su trabajo en el campo a muy temprana edad. Y es que, en aquellos años, toda aportación económica al núcleo familiar era bienvenida. “Desde pequeño era pastor de un rebaño de ovejas. También iba a la siega. Como no había máquinas había que hacerlo todo a mano”, comenta Jesús. Algo similar le sucedió a Encarnación, que no dudó en colaborar desde niña en las tareas de agrícolas. “Ayudé a mi familia porque mi padre murió cuando yo era muy pequeña y mi madre se quedó al cargo de seis hijos.”

Sin embargo, esta etapa no duró mucho para Jesús, quien con tan solo dieciocho años, combatió en la Guerra Civil como parte del bando nacional, en el batallón conocido como ‘La Mano Negra’. Una contienda que no abandonó hasta que le dispararon por la espalda. Por suerte, la trayectoria no afectó a ningún órgano vital. “Pensaba que la bala había salido pero, tras dos días de molestias, supe que la tenía dentro”, explica mientras muestra la cicatriz, todavía visible en su nuca. “En la guerra se pasaba mucho miedo, pero quisiera o no tenía que ir”, añade.

Tal fue el impacto que le causó, que incluso dedicó los meses posteriores a su regreso a escribir un manuscrito en el que reflejaba sus vivencias y aún, a día de hoy, continúa al tanto de las noticias de actualidad relacionadas con este tema. “La exhumación de Franco es algo que hay que valorar, pero borren o no la historia, ha ocurrido y eso no lo puede cambiar nadie”.

Por su parte, Encarnación vivió la otra cara de la guerra: tras las trincheras, en un municipio en el que la escasez de alimentos era habitual. “Al vivir en un pueblo pequeño no notamos tanto las consecuencias, pero sí recuerdo que comíamos el pan de cebada que hacía mi madre”. En 1944, a los 25 años, se casó y se mudó a Béjar. Paradojas de la vida, su marido, al igual que Jesús, también era ferroviario. Ella trabajó hasta que nació su primer hijo en una de las fábricas del municipio, donde se había asentado la más afamada industria textil-lanera de España. Después, como Avelina, la esposa de su ahora compañero de hogar, se dedicó a las labores de la casa y a la crianza.

Una vida plena

De vuelta al 2019, tanto Jesús como Encarnación recuerdan con nostalgia y cariño a sus parejas, ambas fallecidas. Sin embargo, se sienten agradecidos por haber superado la barrera de los cien años, un acontecimiento que el Ayuntamiento de Salamanca ha festejado otorgándoles una placa conmemorativa. “Yo los he cumplido porque Dios ha querido”, asegura Jesús, que se define a sí mismo como un católico ferviente.

Encarnación, por su parte, recalca la oportunidad que le ha brindado la vida de ser testigo de los cambios y la modernización de la sociedad en el último siglo. Tampoco se olvidan del legado familiar que han construido. Entre los dos tienen seis hijos, quince nietos y diecisiete biznietos.

Un recetario inspirado en la cocina tradicional

Portada del libro 'Recuerdos en los fogones de Usera'.
Portada del libro ‘Recuerdos en los fogones de Usera’.

La Residencia Usera participó, el pasado año, en la segunda edición de los ‘Premios Nutrisenior’, un certamen enfocado a las buenas prácticas alimentarias en residencias y centros de día. Su proyecto, que finalmente resultó tercer semifinalista de entre los más de 100 presentados, consistió en un recetario elaborado por los propios mayores de la institución titulado ‘Recuerdos en los fogones’.

Como señala Mari Cruz González, trabajadora social de la Residencia Usera e ideóloga de la iniciativa “a través de este libro se pretendía recoger todos esos platos de la cocina casera que nuestros internos recuerdan con claridad. Cada una de sus propuestas se acompañó con dibujos ilustrativos creados por ellos mismos y por dichos populares. Para la contraportada, se les fotografió prestando su ayuda en la elaboración de diferentes recetas.”

En esta iniciativa colaboraron 25 de los residentes, con edades comprendidas entre los 60 y los 100 años, y contó con el apoyo de la dirección, del área de psicología y del equipo de cocina del complejo. El centenario Jesús Revesado fue uno de los participantes en el proyecto.

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