Momentos de recreo, divertidos y necesarios

El proyecto de Patios Inclusivos de la Asociación de Padres de Personas con Parálisis Cerebral de Salamanca, Aspace, asienta las bases de una educación en todos los espacios del colegio para trabajar mediante el juego la integración

Niños, compartiendo juegos y confidencias en la hora del recreo en el colegio El Camino de Villamayor.
Niños, compartiendo juegos y confidencias en la hora del recreo en el colegio El Camino de Villamayor.

No cabe duda de que los colegios son espacios no sólo de conocimiento sino que son uno de los lugares donde establecer, comenzar o practicar, habilidades tanto en la comunicación como en relaciones humanas. Allí es donde los más pequeños comienzan a tomar conciencia de otras personas fuera de su ámbito familiar. El miedo ante lo desconocido puede darse en cualquier tipo de colegio, público o privado, y junto con la ausencia de valores, entre otros factores, puede originar el temido bulling o acoso. Por este motivo, educar desde edades tempranas en la igualdad resulta necesario para no sólo respetar al prójimo sino como crecimiento personal. La Asociación de Padres de Personas con Parálisis Cerebral, Aspace Salamanca, ha puesto en marcha, a través de Plena Inclusión, el proyecto Patios Inclusivos para educar aprovechando todos los espacios de un centro. 

“Este curso hemos puesto en marcha, desde nuestro colegio en Villamayor El Camino, el pilotaje de este proyecto de educación inclusiva junto con otros centros como el CEIP Ciudad de los Niños y el CEIP Piedra de Arte”, explica la directora del Colegio El Camino, Marian Oliva Martín. “Y tenemos claro que los equipos de los tres centros estamos convencidos de que el pilotaje se va a convertir en una actividad de la PGA de nuestros colegios cada curso, pues vamos a instaurarla y a darle continuidad cada curso”.

En este primer año académico en el que se ha implantado el proyecto de integración han acudido alumnos de Infantil y de hasta tercero de Primaria. Y el objetivo es “compartir, durante el recreo, el momento del bocadillo y juegos, tanto dirigidos como espontáneos, de personas con o sin discapacidad y que todos se puedan enriquecer de esos momentos”, aclara Martín. “El momento del recreo es donde se favorecen las relaciones sociales y constituyen un elemento básico en la vida de un niño que, además de divertido, resulta necesario para su desarrollo. A través del juego, los niños buscan, exploran, prueban y descubren el mundo por sí mismos, siendo un instrumento muy válido para el aprendizaje afectivo y social”.

Las actividades inclusivas durante el recreo se convertirán en una realidad en cada curso

Por este motivo, los tres centros se pusieron manos a la obra para, en el patio, potenciar la interacción adecuada entre los pequeños y facilitar que creasen vínculos de amistad, conocer y valorar la diversidad, ampliar el conocimiento del entorno próximo, fomentar la creatividad o poner en marcha estrategias para la resolución de problemas.

Lo que hemos hecho es basarnos en los principios de normalización e inclusión social y las actividades que se han propuesto para la sesiones han sido juegos de presentación, juegos en equipo, juegos cooperativos y competitivos, momentos del almuerzo, juegos musicales, juego libre y paseamos y hablamos en el patio”.

“En un principio, los alumnos por ambas partes estaban expectantes ante lo desconocido, por lo que los juegos dirigidos para conocernos les resultaron de gran ayuda, para poder desinhibirse. Una vez que ya se conocían, pudimos observar que algunos ya mostraban su predilección ante sus nuevos amigos”, relata la directora de El Camino. “En la finalización de cada una de las actividades, ya estaban ansiosos por la siguiente”. 

Por este motivo, los resultado, según apuntan, “han sido muy positivos, se han favorecido las relaciones sociales de los alumnos, han hecho nuevos amigos y han compartido aquello que más les gusta: jugar en el patio, tomar el almuerzo, pasear y hablar con sus iguales. Y lo más importante, se han dado cuenta, desde edades más tempranas, que todos podemos aportar y aprender, que no todos somos iguales y que en la diversidad y diferencia está la riqueza”.

Así, explicaba Martín el privilegio que tienen los alumnos que participan en un proyecto que ha nacido para quedarse, Patios Inclusivos, y por el que durante varias sesiones “conocen adecuadamente qué es la discapacidad y valoran y aceptan las diferentes formas de ser y hacer”. Aunque éste no es el único proyecto que tienen entre manos, en la actualidad, está en pleno desarrollo el programa de accesibilidad cognitiva, con alumnos más mayores y por el que pretenden hacer accesible la biblioteca de Villamayor.

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