El ‘pataheno’ regresa a La Alberca por Carnaval

De nuevo, la localidad salmantina recibe al ‘pataheno’ y a las ‘maragatas’ para celebrar sus tradicionales carnavales, en un acto repleto de música y de color

Imagen del 'pataheno' y las 'maragatas', durante las celebraciones de Carnaval de La Alberca.
Imagen del 'pataheno' y las 'maragatas', durante las celebraciones de Carnaval de La Alberca.

La Alberca reunirá, un año más, en la plaza del municipio al ‘pataheno’ y a las ‘maragatas’ con motivo de las celebraciones de Carnaval. Esta tradición, que es una de las más peculiares del municipio salmantino, consiste en una representación burlesca de una corrida de toros.

Los protagonistas, representados por lugareños, adoptan los papeles de ‘pataheno’ y de ‘toro’. Así, el primero es un hombre disfrazado con sacos llenos de paja, obligado a desplazarse dando saltos. Junto a él aparece el mozo-toro, otro hombre que lleva cencerros y que ataca sin piedad al ‘pataheno’ con un palo que utiliza a modo de cuerno.

Una de las 'maragatas' agitando sus vestimentas.
Una de las ‘maragatas’ agitando sus vestimentas.

Ante los embistes del ‘animal’, el improvisado torero se cae una y otra vez al suelo, debido a su reducida movilidad. Por suerte, la paja consigue amortiguar los golpes. A pesar de que el ‘pataheno’ es considerado como una figura ridícula, chocante, grotesca y torpe en movimientos, el personaje ha conseguido ser uno de los más queridos de La Alberca.

Además de esta batalla entre el ‘toro’ y el ‘pataheno’, las celebraciones carnavalescas de la localidad también incluyen a las ‘maragatas’. Con sayas y mantones de Manila, estas mujeres se adueñan de la plaza repartiendo caramelos, mientras gritan y agitan sus vestimentas realizando círculos y llamando la atención de los presentes.

Una de las características más llamativas de las ‘maragatas’ es que ocultan su rostro con pañuelos coloridos y, sus manos, con guantes negros. A estos trajes típicos, incorporan algunos complementos masculinos como sombreros y capas.

El rito, que se celebra al ritmo del tamboril, también cuenta con la presencia de los ‘ensabanaos’, que protegen a las ‘maragatas’ con varas, impidiendo que se desvele su identidad.

El origen de la tradición

Posiblemente, los orígenes de esta festividad provengan de la suelta de vaquillas que se llevaba a cabo hace años durante las celebraciones de Carnaval. Y es que la figura del ‘pataheno’ recuerda a la de un hombre convertido en el objeto de acoso de la vaca, tras ver en él una buena ración de heno y paja para darse un festín.

La tradición ha variado con el paso del tiempo y, en la actualidad, la vaquilla se ha transformado en un hombre-toro con horca en vez de cuernos, y no muy buenas intenciones. Cabe destacar que en La Alberca también existió la costumbre de hacer un muñeco de paja que representaba a Judas Iscariote, al que se le ahorcaba desde lo alto del campanario de la Torre. Posteriormente, este era quemado junto con la figura de piedra del cerdito de San Antón como símbolo de pureza.

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