Francisco Javier Marcos, un pintor muy especial

Al salmantino le llueven los encargos y, aunque a veces se siente cansado, ha encontrado en la pintura su pasatiempo favorito

Francisco Javier Marcos, junto a alguno de sus cuadros en Aspar ‘La Besana’.
Francisco Javier Marcos, junto a alguno de sus cuadros en Aspar ‘La Besana’.

Hace tan sólo seis años que pinta pero ya tiene más encargos de los que pudiera imaginar. Tiene en lista de espera tres Guernicas y una obra para el actor gallego Rubén Riós, que le vio dibujar y quiso, también, un cuadro. Si uno se cuela en el centro de la Asociación de Padres de la Armuña Aspar ‘La Besana’ en Calzada de Valdunciel, en la segunda planta, casi al fondo del edificio, se encuentra el rinconcito de Francisco Javier Marcos. Allí, tiene este artista su caballete, pinturas acrílicas, lienzos, pinceles, trapos y donde permanece horas y horas ensimismado. Ésta podría ser la imagen de cualquier pintor al uso, pero Francisco Javier Marcos no es uno corriente. Él no dibuja con sus manos, sino con la boca.

Francisco Javier Marcos, en su estudio de Aspar ‘La Besana’.
Francisco Javier Marcos, en su estudio de Aspar ‘La Besana’.

El salmantino de 51 años ha transformado el hecho de que no pueda utilizar sus brazos en la capacidad de hacerlo con la boca. La técnica que utiliza es el acrílico y, en la actualidad, acude a clases de pintura con el profesor Shin. Sin embargo, todo empezó gracias a Emilio Pascual, monitor de Aspar ‘La Besana’, que no vio impedimento alguno en la discapacidad motora y le animó a adentrarse en el mundo artístico.

“Comencé reproduciendo imágenes que sacaba de algún libro o de Internet y, la verdad, es que tardaba poco tiempo, una hora. Era muy básico. Ahora, tardo meses en hacer una composición”, revela. Cuando Francisco acaba un cuadro, los chicos del taller de carpintería de la asociación fabrican el marco y, en la entidad, hay decenas de lienzos con la firma de este pintor salmantino. “Ya no llevo la cuenta, no sé cuantos he podido hacer”. Y es que Francisco pasa horas pegado al caballete; con lo que saca de vender sus obras se paga la academia y ha expuesto hace algunos años en San Felices de los Gallegos o el Centro Comercial el Tormes. Le gustaría contar con un casco adaptado para no hacer tanto esfuerzo con su boca y, algún día, hacer un cuadro de tres metros.

Aspar La Besana se hace con el premio especial Solidaridad 2018 de Cruz Roja

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