“Claro que volvimos a la Luna, hubo seis misiones más”

Rafael Clemente es ingeniero informático y ‘Master of Science’, además de colaborador para temas de divulgación científica durante más de cincuenta años en medios de comunicación

Rafael Clemente, ingeniero y divulgador científico.
Rafael Clemente, ingeniero y divulgador científico.

Acaba de pasar por Salamanca para ofrecer una charla en el Centro Comercial El Tormes, en el marco de una programación dedicada a la gran efeméride del año: los 50 años de la llegada del hombre a la Luna.

– ¿Los medios de comunicación llevan semanas dedicando minutos y páginas a dar luz a uno de los grandes acontecimientos del pasado siglo. Entre ellos, El País digital con sus artículos… Como divulgador científico y especialista en este hito, ¿qué le parece?

– Pues que ya era hora, después de 50 años…, pero está muy bien, aunque cuando pasen estas semanas se vuelva a olvidar. Es cierto que todos los medios en España se están volcando con el tema, a lo que contribuye la abundancia de información con la que cuentan y la facilidad para difundirla, factores que no existían hace cinco décadas. Entonces, fueron pocos los que se tuvieron acceso a la información y los detalles se han ido revelando con los años, una vez que la NASA ha abierto por completo los expedientes. Ese acontecimiento ha pasado de ser un tema de especialistas para convertirse en un asunto de historiadores.

– ¿Más información y también más interés por la cultura espacial?

– Entre la gente joven sí, sin duda. De hecho hay una máxima, según la cual, astronautas y dinosaurios son el mejor reclamo para atraer la atención de los niños. Debemos tener en cuenta que hace 50 años este proyecto no gozaba del soporte popular al cien por cien. De hecho, solo un 50 por ciento de la población lo apoyaba. Por una parte, un grupo pensaba que era un desperdicio de recursos, teniendo en cuenta que miles de personas morían de hambre por falta de alimento; y por otro lado, los que defendían la teoría de la conspiración y que crearon la corriente escéptica, esos que se creían y todavía se creen más listos que los científicos de la NASA y la CIA, y opinan que la llegada del hombre a la Luna es un montaje, una falacia. Desde luego, el primer argumento es discutible, el segundo, no.

– ¿Dónde se encontraba aquel 21 de julio de 1969?

– Pues estaba en Estados Unidos, precisamente. Tenía 24 años y estudiaba en Austin (Texas), con una beca, así que lo viví muy de cerca. Recuerdo que la cobertura del lanzamiento y todos los preparativos, fueron retransmitidos en directo, sin interrupción, por la televisión nacional durante tres o cuatro días: análisis, explicaciones, entrevistas con los responsables de la NASA, anuncios de productos… Se explicaron todos los detalles en un alarde de información nunca antes visto. Recuerdo que fue realmente emocionante.

– ¿Emoción es el sentimiento que describe aquellos momentos para usted?

– Si he de ser sincero, no tengo recuerdos concretos de aquellos momentos. Sí la idea de estar pegados al televisor, pero no del momento del aterrizaje o de Armstrong poniendo el pie en la superficie lunar. Lo que sí me ha quedado grabado en la memoria fue el descenso que se explicó a través de una simulación muy burda con una órbita descrita con lucecitas que se iban apagando. Recuerdo que pensé “ya está, están bajando”.

– ¿Fue entonces cuando decidió dedicarse a divulgar la ciencia?

– No, la verdad es que llevaba años dedicado a ello en plan de ‘hobby’, como ha seguido a lo largo de mi vida. Mi profesión es la de ingeniero informático, aunque reconozco que en muchas ocasiones, lo uno se ha alimentado de la otra y viceversa. Así que de alguna manera esa afición se ha profesionalizado, también por el hecho de que me hayan dado la oportunidad de desarrollarlo a través de los medios de comunicación, contando, con un lenguaje entendible para todos.

– Además de sus artículos en conocidos medios de comunicación, su amor por la ciencia ha dejado un gran proyecto como es CosmoCaixa

– Originalmente era el Museo de la Ciencia de Barcelona. Fue una época extraordinaria y de intensa dedicación. Nunca he vivido un ambiente de trabajo tan agradable, rodeado de gente maravillosa. De hecho, uno de estos estrechos colaboradores fue Jorge Wagensberg, quien propició el modelo para otras instituciones similares que irían apareciendo en España. Primero en La Coruña; luego en Granada, Murcia, San Sebastián, Canarias… Hoy, tal como Jorge preconizaba, no se concibe la idea de un centro científico de esta clase sin un importante componente interactivo. Hoy, todos los museos de ciencia que existen en España hunden sus raíces en aquel experimento suicida. Algunos de los experimentos que se pueden contemplar en la exposición pertenecen a la primera colección del museo.

– En diciembre de 2018 publicó su último libro ‘Un pequeño paso para [un] hombre’ en el que relata detalles de ese gran acontecimiento que ahora celebramos’ y que explican hechos relevantes de aquella expedición, un manual en estos días…

– El libro ha tenido muy buena acogida, lo confieso. Las referencias a este texto han sido continuas estos días.

– ¿Para cuando el siguiente libro?

– El libro ‘Un pequeño paso para [un] hombre’ termina con el Apolo XI. Y aunque todavía haya quien lo desconoce, el hombre subió a la Luna en seis ocasiones más. Hubo Apolo XII, XIII (éste no pudo aterrizar), XIV, XV, XVI y XVII. Las imágenes que podemos ver de un coche eléctrico circulando por la superficie lunar no corresponden a la primera misión, sino a las siguientes. De hecho, la misión Apolo XIII es la gesta mayor. A medio camino estalló un tanque de oxígeno y se dio por muertos a los astronautas. Tuvieron que improvisar para regresar, fue en ese momento cuando se vio la talla de los técnicos de Houston, que consiguieron redirigir la nave y devolver sanos y salvos a los ocupantes. Me divierte escribir y me gusta hacerlo de la manera más simple, sin ser un doctorado en Físicas. Me emociona y me enorgullece saber que mis artículos sirven para sembrar vocación en las nuevas generaciones. Si un niño, solo uno, se convierte en “hacedor”, merece la pena seguir.

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