La salmantina con una memoria prodigiosa a los cien años

Gabriela González cumplió la centuria, el pasado 7 de marzo, rodeada de familiares. A su edad, recuerda cada detalle, cada fecha y cada acontecimiento importante con una nitidez que el paso del tiempo no ha logrado difuminar

Gabriela González en el salón de su casa, junto a sus tres hijos: Jose, Paquita y Toñi
Gabriela González en el salón de su casa, junto a sus tres hijos: Jose, Paquita y Toñi

A solo unos días de cumplir la centuria, cualquiera diría que Gabriela González tiene, como mínimo, diez años menos. Se mueve con facilidad de un lado a otro de su casa y sonríe antes de comenzar la entrevista. Va a hacer un repaso de su vida, un siglo, ni más ni menos, para compartirla con todos ustedes, nuestros lectores. Mientras se presenta, acaricia la mano de Toñi, la pequeña de los tres hijos que le quedan, antes de remontarse hasta el 1920, cuando nació en Éjeme, un pequeño municipio integrado en la comarca de la Tierra de Alba. “Vivía con tres de mis hermanos y mi madre. Los tiempos eran difíciles, por lo que desde niña trabajé sirviendo en las casas de gente rica”, comenta.

Tiempo después y hasta que se casó con Francisco, el que sería el amor de su vida, ejerció como cocinera en una dehesa. “Éramos vecinos de toda la vida. Él combatió en la Guerra Civil, no sé en qué bando”, explica. Y no, no es que en ese punto a esta salmantina le falle la memoria. Más bien, puede que sea una muestra de lo poco que importaban en aquel momento los colores. Lo terrible era tener que ir al frente y el miedo ante las circunstancias en las que podrían regresar los soldados. En el caso de Francisco hubo suerte. Una bala le atravesó el pecho, pero la herida logró sanar por completo.

Una vez finalizada la contienda, ambos unieron sus vidas ante el altar el 27 de septiembre de 1944. “A mi marido le ofrecieron ser Policía Local en Sevilla, pero teníamos que irnos el mismo día de la boda”, asegura Gabriela con una precisión sorprendente. Todo era demasiado precipitado, por lo que decidieron quedarse en Salamanca.

En la ciudad criaron a sus seis hijos, en la casa en el barrio de Pizarrales en la que aún vive sola a día de hoy. “Ellos son unos soles para mí -dice mirando a Jose, Paquita y Toñi-. Les he ayudado todo lo que he podido y un poco más. Ahora son ellos los que tienen que cuidarme”, confiesa mientras explica que es viuda desde hace once años y que la vida le arrebató a sus otros tres hijos cuando aún eran pequeños.

“Toma medicación pero nunca la han operado, ni ha estado ingresada en el hospital”

“Venimos cada día a verla. Siempre que la llamamos dice que está requetebien”, comenta Paquita. “Toma medicación pero nunca la han operado, ni ha estado ingresada en el hospital”. Y es que Gabriela está en plena forma. “Nosotros solemos ir al gimnasio y ella siempre bromea con que llevar a cabo las tareas del hogar le sirve para hacer deporte”, añade. “Si paro, malo”, asegura la veterana entre risas.

Hace años, leer y coser eran parte de su día a día. Ahora que la visión ha complicado el desempeño de sus aficiones, pasa el tiempo haciendo sopas de letras y contando historias a sus bisnietos. Entre ellos, a Héctor, de diez años, que escucha con atención cada una de sus anécdotas.

El cumpleaños

Con todo el cariño que se respira en su hogar, no resulta extraño que la salmantina celebrara su centenario, el pasado 7 de marzo, rodeada de familiares y con una gran tarta. El día fue un goteo constante de visitas: “Empezamos a llegar a las once de la mañana, y los últimos no se fueron hasta las de las diez de la noche”, comenta Paquita.

Tampoco faltó la compañía de Faustino, un vecino al que considera como a un hijo. Eso sí, la fiesta oficial la han pospuesto unos días, ya que reunir a tres hijos, ocho nietos y catorce bisnietos no es tarea fácil.

Gabriela junto a su tarta de cumpleaños.
Gabriela junto a su tarta de cumpleaños.
La centenaria, durante su celebración de cumpleaños, el pasado 7 de marzo.
La centenaria, durante su celebración de cumpleaños, el pasado 7 de marzo.

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