De crucero por el ‘Gran Cañón Europeo’ desde Miranda Do Douro

Los paseos en barco por los Arribes del Duero, con salida desde la ciudad portuguesa son un atractivo indispensable en la visita

Parte del curso del río Duero. FOTO: viajeconpablo.com
Parte del curso del río Duero. FOTO: viajeconpablo.com

Ya decía Miguel de Unamuno en 1898 que “nadie adivina el profundo tajo por donde el Duero corre” y que “en uno de los repliegues del terreno se ocultan los profundos tajos, las abruptas gargantinas, los imponentes cuchillos, los terribles esfayaderos, bajo los cuales, allá en lo hondo, vive el Duero, ya espumarajeando las rocas que aún no han cedido a su labor terca, ya precipitándose en desniveles, ya deteniéndose un momento a descansar en angostos remansos, ya, por fin, zumbando bajo las rocas, en las espundias. A trechos las paredes y escotaduras del tajo se dulcifican y se tienden las pendientes para recibir, sobre revestimiento de tierra, vegetación bravia y cuidados de cultivo”.

Y es que el otro cañón, el ‘Gran Cañón Europeo’ se extiende esplendoroso sobre uno de los parajes únicos y singulares que se pueden recorrer por el río Duero.

Las salidas que contempla Europarques se realizan desde el embarcadero de la Estación Biológica Internacional (EIB). La EIB ha recibido el 1º Premio Nacional de Turismo y la Medalla Nacional al Mérito de Portugal por sus proyectos de ecoturismo e investigación. Los paseos en barco parten desde Miranda do Douro hasta el Valle del Águila y Villardiegüa de la Ribera.

Durante todo el trayecto en barco, los guías explican (en español y en portugués) no sólo el recorrido del navío sino, también, las diferentes formaciones con las que se van encontrando los turistas y los aspectos más relevantes de la fauna y flora que pueblan los lares. El recorrido del navío dura, aproximadamente una hora y media y se realiza sobre unos barcos que han sido adaptados para navegar por este paraje. Cuentan con motores ecológicos insonorizados, cabina acristalada y exteriores piontados en camuflaje.

El río Duero conforma en los Arribes una frontera natural entre Portugal y España y, durante sus más de 120 kilómetros de largo, se pueden descubrir impresionantes imágenes. Mil y una estampas dejan al descubierto el espacio transfronterizo protegido que hace del cierta parte caudal del Duero que las aguas sean internacionales, concretamente las que discurren entre el Parque Natural de los Arribes (España) y el Parque Natural do Douro Internacional (Portugal). El primero, cuenta con 106.105 hectáreas pertenecientes a la provincia de Salamanca y Zamora. El segundo, se extiende sobre 86.500 hectáreas y Miranda do Douro es la puerta de entrada.

Las carreteras que dan acceso a los miradores de la inmensidad del Duero no son fáciles de localizar y no se encuentran en las mejores condiciones. Por este motivo, la vía fluvial es la mejor alternativa para disfrutar del paisaje en el que “el sol caldea los arribes, resguardados de los vientos y las brisas que hielan la meseta, y saca de ellos una vegetación potente y propia de otras latitudes”, como apuntaba Unamuno en uno de sus viajes hace más de un siglo.

Los paseos en barco pueden realizarse durante todo el año. En este mes de octubre, existen salidas variables los lunes sujetas a la disponibilidad pero, entre semana, hay al menos una salida fija a las cinco de la tarde (a las cuatro, hora portuguesa) y, los fines de semana, a las doce del mediodía y de nuevo a las cinco (once de la mañana y cuatro de la tarde en Portugal).

Antes de poner un pie en el barco en Miranda do Douro, la carretera que conecta el punto de salida del crucero y la entrada a este municipio portugués conforma un enclave único para disfrutar de unas vistas espectaculares, ya que Miranda do Douro es un mirador natural, puede que de ahí venga su nombre.

Las gargantas de granito y pizarra se abren paso en el paisaje llegando hasta los 400 metros de altura por este tajo fluvial que es considerado uno de los más largos de toda la península ibérica donde existen barrancos que datan desde hace 100 millones de años. Estos barrancos son los saltos del Duero que se han aprovechado para generar energía eléctrica.

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