Cuando la baja visión es una motivación

Hace unos años, a Pablo Sánchez le llegó el mazazo del diagnóstico: retinosis pigmentaria. Sólo tuvo dos opciones: deprimirse o salir adelante. El salmantino de adopción eligió correr para superar retos y a primeros de noviembre terminó una maratón más, en esta ocasión la de Oporto

Pablo Sánchez. Rep Gráf.: DGRATIS Salamanca
Pablo Sánchez. Rep Gráf.: DGRATIS Salamanca

Zamorano de nacimiento pero salmantino de adopción, Pablo Sánchez llegó a la capital del Tormes con a penas 18 años. Aquí, terminó sus estudios y, durante su etapa laboral, trabajó como responsable comercial de reconocidas empresas editoriales por la geografía española. Cuando pasó la treintena, su madre tuvo problemas con la visión y le aconsejaron que él debía, por precaución, pasar una revisión, pues la enfermedad es hereditaria. “Aún recuerdo cuando en una consulta médica, me derivaron a un centro en Valladolid donde me preguntaron si veía y me comunicaron que tenía baja visión causada por retinosis pigmentaria; incluso, me proporcionaron la solicitud para pedir la incapacidad temporal en la Seguridad Social”, alega. Como el que se quita una tirita ‘de cuajo’, Pablo recibió en sólo unas horas el mazazo del diagnóstico. Uno que, con el paso del tiempo, le impediría trabajar, conducir… y que le llevará a la ceguera total.

Por motivos laborales, Pablo se encontraba en la capital vallisoletana en un emplazamiento muy cerca de un centro al que le habían recomendado acudir, el área de retinosis pigmentaria de la ONCE. Así que decidió hacerles una visita. “Cuando hablé con los afectados que estaban allí y me explicaban cómo veían, lo comparé con mi situación y ése no era mi caso”. Derrotado y con una mezcolanza de incredulidad, al llegar a su casa rompió los papeles de la Seguridad Social.

Uno de cada 3.500
La retinosis pigmentaria ampara a un grupo de enfermedades degenerativas hereditarias que afectan a la retina y se caracteriza por una pérdida progresiva de visión que conduce a la ceguera de forma irremediable, inoperable. Afecta a una de cada 3.500 personas y no se puede corregir ni con gafas ni con cirugía. Los ojos de Pablo son aparentemente sanos, no camina con bastón, ni perro guía, por ahora. Es capaz de leer un mensaje en el móvil pero, quizás, puede no reconocer a las personas y se choca a menudo con los objetos. “Es una enfermedad bastante difícil de entender, sobre todo, cuando ni tu propia familia la comprende. Muchas veces, me dicen, ‘¿no te vas a comer eso?’ y es que, simplemente, yo no había visto esa porción de comida en mi plato”.

“Cuando corro experimento una sensación inmensa de libertad”

La baja visión afecta a las personas de manera muy distinta, pueden ver sólo la periferia, en túnel, a parches, no ver por la noche, o hacerlo como si les estuvieran deslumbrando y pueden no tener la suficiente capacidad de contraste. En el caso de Pablo, ve como si lo hiciese por una mirilla, aunque él no puede confirmarlo, porque no puede comparar.

Te sientas en un sofá seis meses y luego ¿qué?

Manuel Miguel y Pablo Sánchez.
Manuel Miguel y Pablo Sánchez.

“El primer año fue el más duro, siempre estaba nervioso sabiendo lo que me esperaba y, además, fue cuando noté más la pérdida de visión”, lamenta. “Te sientas en un sofá seis meses y luego ¿qué? Pues esto es lo que tengo y, a partir de ahí, ¿qué puedo hacer para ser feliz? Esto es un condicionante pero la vida no se acaba”, afirma con rotundidad pasmosa el zamorano. Cualquiera podría haberse derrumbado totalmente y haber caído en la más profunda de las tristezas. No obstante, existen ciertas personas con luz propia que superan cualquier adversidad que la vida les depara. Y justo, en ese momento, Pablo no sólo descubrió el deporte, sino que lo redefinió.

“Siempre fui una persona muy activa pero, después del diagnóstico, me apunté a inglés, al gimnasio, salí a correr… Empecé con un grupo a hacer atletismo y, luego, con mi entrenador, Manuel Miguel, que conocí en el gimnasio Enjoy! Multiusos, donde él daba clases de spinning y pilates. Con Manuel he perfeccionado mi estilo; ahora, corro menos tiempo pero de más calidad”, revela el zamorano, quien añade que corre porque le “hace sentirse libre” y le motiva para seguir “superando retos”.

“No puedo jugar al fútbol, no puedo jugar al tenis, ni al baloncesto y la piscina me aburre. Pero sí puedo correr”, afirma orgulloso. “Mira, subo al vértice geodésico del valle de la Guareña o en la Armuña y soy el rey del mundo”.

Pablo Sánzhez y Javier Hervalejo.
Pablo Sánchez y Javier Hervalejo.

La primera maratón la hizo por su cuenta con un amigo en Valencia, el resto —y ya van tres— bajo los consejos de su entrenador, Manuel, y con la ayuda inestimable de Javier Hervalejo, su guía en las carreras, o como él indica, “sus ojos”. Pablo, en las carreras, sigue a Javier, que hace de guía. “Se pone una camiseta con su nombre y yo le sigo y, de vez en cuando, me da indicaciones verbales, muy necesarias por si tenemos que adelantar, o el suelo no está firme, si vamos a girar…”. Y con ‘sus ojos postizos’ y esa asombrosa actitud con que encara la vida, Pablo el pasado 4 de noviembre se hizo 42 kilómetros en 3h 47’ 59’’ y consiguió la posición 1.903, de entre 2.500 personas inscritas.

San Silvestre
Pablo Sánchez no faltará a la San Silvestre salmantina del 30 de diciembre ni a la Rock N Roll Madrid Maratón y 1/2 y tampoco se perderá la maratón de Valencia Trinidad Alfonso EDP en diciembre de 2019.

Como salmantino de adopción tiene muchos consejos para esta ciudad, sobre todo para mejorar el mobiliario urbano como “las farolas que te plantan de repente en mitad de la acera, las escaleras, los desniveles…”. Ésos que le han provocado más de un percance cuando caminaba por las calles. También, la poca empatía de la sociedad cuando alguien se choca, porque no parecen ‘ciegos’. Aunque como él dice: “Si te caes, te levantas”.

Pablo Sánchez y Javier Hervalejo, en Oporto el 4 de noviembre.
Pablo Sánchez y Javier Hervalejo, en Oporto el 4 de noviembre.

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