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jueves, julio 29, 2021

Casi 100 y mucho que contar

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El secreto de la eterna juventud parece que no es desconocido para Jesús Martín, un salmantino que vive en la residencia Ballesol desde hace casi nueve años. Aunque desde hace cuatro, camina con andador, el natural de la localidad de Villasdardo no aparenta más de 70 pero, en realidad, el 27 de julio cumplirá 99. La clave para permanecer impertérrito a pesar del paso del tiempo es una incógnita, aunque confiesa que ha llevado una vida de “mucho trabajo” y que procura siempre “mantenerse activo”. “Hay que tener voluntad para hacer todo”, revela Jesús para ilustrar que se apunta a todas las actividades que llevan a cabo desde su residencia de mayores: dibujo, bingo, juegos de respiración, memoria…

De hecho, el pasado 20 de febrero, participó en el taller de cocina creativa que, este año, cumple su segunda edición, y junto a los miembros de la asociación de personas con discapacidad intelectual Insolamis, han preparado canapés. “Cada miércoles hacemos algo nuevo con ellos y es fabuloso, sobre todo, ver la cara que se les pone cuando les recibimos”, comenta Jesús, que asegura que echa de menos a Óscar, uno de los chicos que acostumbraba a dar de comer a su mujer.

Y es que Jesús Martín, jubilado de Correos, ingresó en Ballesol por acompañar a su mujer, que necesitaba una atención especial. “Cuando falleció, decidí continuar donde estaba”, alega. No iba a dejar de lado a los compañeros que había hecho en la residencia, como a Adrián, su “colega de mesa” o a Antonio con los que más afinidad tiene.

Este salmantino de casi 99 ha vivido mucho, y no por los años que se gasta, sino por las experiencias. Nació en los llamados ‘felices 20’ que, en España, no eran tan alegres. Junto a sus seis hermanos y a sus padres se marcharon a Villaseco de los Gamitos y, cuando se casó, se mudó a Gejo de los Reyes. Entre medias, ejerció la profesión de herrero, y con 18, marchar al frente a combatir sin haber tenido la mínima formación. Corría el año 1938 y la Guerra Civil Española estaba a punto de terminar, le quedaban unos meses. Jesús recuerda como si fuera ayer aquel 20 de octubre en el que le pusieron en sus manos un fusil, que fue aprendiendo a usar sobre la marcha, en la Batalla del Ebro. Superada la experiencia, sumó seis años más en el servicio militar.

Antes de conseguir una plaza en Correos, se dedicó a la agricultura y a la herrería pero confiesa que fue su mujer la encargada, ya que era la titular.

Cuando se jubiló, se le abrió el cielo. “Ahí ya me dediqué a lo que me gustaba. Tenía un huerto por afición y solía irme a pescar a menudo”, revela. Y es que Jesús encontró en la pesca un pasatiempo tranquilo, como el que le otorgaba la vida en el pueblo, y una afición que fue aprendiendo poco a poco, sin la ayuda de nadie, y que ha transmitido a sus dos hijos y siete nietos. Y, si hubiese podido, también a sus cinco bisnietos, aunque aún está a tiempo de darles alguna noción teórica porque experiencia no le falta.

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