Un artesano de la piel que sigue en el negocio a los 76

Antonio Sánchez Torrecilla tiene 76 años y no tiene intención de jubilarse; continúa con su negocio, casi exclusivo, de venta y sobre todo, reparación de maletas y bolsos en Filiberto Villalobos

Antonio Sánchez, en su taller situado en Filiberto Villalobos.
Antonio Sánchez, en su taller situado en Filiberto Villalobos.

Antonio no es hombre de viajes, pocos aeropuertos ha pisado en su larga vida y en contadas estaciones ha esperado con su equipaje en el andén. Paradojas del destino, pues de sus 76 años, más de un tercio lo ha pasado entre maletas y a pocos metros de la estación de autobuses de Salamanca.

Y ahí sigue, desde las 8:30 de la mañana y hasta las 20:30 de la tarde, fiel a su clientela, en su tienda de Filiberto Villalobos, 64. Bol-Plax figura en el luminoso que corona el escaparate, repleto éste de artículos de regalo en los que se mezclan las piezas mas clásicas, con nuevos modelos de bolsos y maletas de colores. “La venta sigue goteando y ahí, en el taller, tengo dos cajas de nuevos artículos para esta temporada”. Pero el trabajo de verdad está en la trastienda. Antonio Sánchez Torrecilla, —presentemos a nuestro protagonista—, es uno de los pocos profesionales que repara maletas y bolsos en la ciudad y de los contados que lo hacen en nuestro país. De ahí que reciba llamadas de todas las partes de la geografía española. “Estamos en Internet, en Páginas Amarillas, por eso me llaman de toda España”, aclara. Nos cuenta que hace un tiempo recibió una llamada desde Zaragoza. Un señor, que resultó ser un empresario del sector vitivinícola, le rogó que reparara un antiguo bolso de su abuelo “costara lo que costara”. Antonio, -recuerda-, no sólo consiguió reparar aquella antigualla, sino que además, trató las pieles y los herrajes para que simularan haber sufrido el paso del tiempo.“Entregué el bolso por mensajero, igual que llegó y al poco, recibí una caja de buen vino con un sobre dentro”.

El veterano reparando una mochila.
El veterano reparando una mochila.

Anécdotas como esta reflejan su buen hacer en el taller y de cara al público. “También me llaman de los aeropuertos para que les arregle maletas y viene gente de otras provincias”. Tanto es así, que las maletas rotas se apilan en el taller, a la espera de pasar a la mesa donde, bien identificadas, coloca las que están listas para entregar. Algunas llevan años, sin que nadie las reclame “imagino que el propietario puede haber fallecido”.

Trabajo no le falta a este veterano, que asegura que sigue al pie del cañón por prescripción del psicólogo. “Cuando falleció mi mujer me aconsejaron que siguiera trabajando y me siento muy bien abriendo la tienda cada día. Aquí seguiré hasta que pueda, explica mientras atisba la entrada de una nueva clienta.

Una vida entregada al trabajo

Antonio iba para fraile y a Pamplona le enviaron para formarse. Aquello no era lo suyo, reconoce, así que con 14 años regresó y se puso a trabajar. Empezó en Niloplex, una fábrica de bolsos, situada en Gran Capitán. Aprendió el oficio y salió para montar su propio negocio con un socio. Primero trabajaba desde casa para Sirogay y unos grandes almacenes de Zaragoza. Llegó a tener, junto a su socio, una tienda en la calle José Antonio y un taller en el barrio de San Bernardo. En la trastienda donde hoy trabaja solo, trabajaron a su cargo 15 personas, que confeccionaban los bolsos y las maletas que se vendían por toda España. La tienda estaba regentada por su mujer. Juntos levantaron un negocio que sigue vivo y que ofrece un servicio casi exclusivo.

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