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martes, mayo 11, 2021

Abrazo solidario para un hogar feliz

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Podría decirse que Elena fue la inspiración. Con ella supo Ana Santero que podía cambiar la suerte de muchos niños en situación de abandono y desatención y proporcionarles la mayor de las riquezas: una infancia feliz. Con ello, un desarrollo pleno y un futuro prometedor. Hoy, esa niña prematura que encontró en un centro sin incubadoras con escasas posibilidades de supervivencia tiene 14 espléndidos años y es, junto con Isis, la mayor de La Casa de los Ángeles de Honduras, el hogar de la alegría.

La psicóloga salmantina Ana Santero, en una imagen de archivo.

Son diez los hermanos -biológicos o del alma– que han encontrado en el abrazo de Ana la familia, el cariño y el alimento emocional con el que deberían contar, sin excepción, todos los niños y niñas, más allá de los cuidados precisos y la cobertura de sus necesidades más básicas. Además de Isis y Elena, la Casa bulle con Esther y Lali, de 13 años; Eduardo, de 11, los incansables Selvin y Saúl, de 7 años; Alvarito, de 6; Ana Sarai, alias Cuti, que ha soplado ya cuatro velitas, y Alejandra, la más pequeña de esta gran familia de la que se encarga personalmente -y en cuerpo y alma- la psicóloga salmantina.

Para ellos es su madre, aunque todos conocen sus raíces y, en los casos en los que es posible, mantienen el contacto con sus familias biológicas. Ellos, para Ana, son sus hijos, porque La Casa de los Ángeles no es un centro de acogida, sino un hogar en el que se reparte amor y se inculcan valores como la honestidad, la solidaridad y la tolerancia.

Este año, como cada diciembre por estas fechas, Honduras y Salamanca vuelven a unirse en un lazo de generosidad a través de la asociación que respalda el proyecto de Ana Santero desde su tierra natal, que ha organizado el tradicional rastrillo con el que La Casa de los Ángeles consigue una importantísima inyección de vida gracias al apoyo ciudadano.

María Ángeles Santero, hermana de Ana, en el rastrillo situado en la calle José Jáuregui.

Porque la solidaridad es esencial para el mantenimiento de este hogar situado cerca de Tegucigalpa en el que la salmantina se dedica en exclusiva al cuidado de la familia, sobre todo para garantizar la alimentación y la educación de los niños. “Son el motor de mi vida. Yo sin ellos no sería nada, y la Casa es por ellos y para ellos”, asegura Ana Santero, que esta vez no ha podido cumplir con la tradición de regresar a Salamanca durante unas semanas para reforzar con su presencia y con su testimonio la actividad de un rastrillo, que este lunes ha abierto sus puertas en un local situado en el número 12 de la calle José Jáuregui.

Por eso apela a la sensibilidad de los ciudadanos para que apoyen en la medida de lo posible el sostenimiento del proyecto y participen en esta venta solidaria de regalos, prendas de vestir, embutidos y bebidas, artículos de decoración y de menaje y otros muchos productos. El rastrillo podrá visitarse hasta el día 14 de diciembre, de 11:00 a 14:00 y de 17:00 a 22:00 horas.

Once días clave para garantizar muchos más de felicidad a los ángeles de una casa que, a 8.000 kilómetros de Salamanca, está más cerca que nunca gracias a la solidaridad.

Más información

www.lacasadelosangeles.com

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