Bragança ensalza sus populares “cantarinhas” con una feria dedicada a estas miniaturas artesanas

La Feria de las Cantarinhas y la XXXI Feria de la Artesanía de Bragança, del 1 al 7 de mayo, impulsan el turismo y la economía local al tiempo que preservan las tradiciones

La plaza de Camões de Bragança se llena durante la Feria de las Cantarinhas.

Es una de las ferias más antiguas y tradicionales de Portugal y un escaparate más de la “marca Bragança”. La Feria de las Cantarinhas, del 1 al 3 de mayo, y XXXI Feria de Artesanía, del 3 al 7 de mayo, son la mejor excusa para caminar de nuevo por las históricas calles de Bragança. Las cantarinhas son unas pequeñas piezas artesanas hechas con barro.

La tradición y la economía local protagonizan este evento, que cuenta con una programación muy variada. Los días previos a la feria, concretamente el día 29 de abril, se celebrarán una exposición canina de una variedad de mastín conocido como “Transmontano” y propio de esta geografía de Trás-os-Montes. Y el domingo 30 tendrá lugar la popular “carrera de las Cantarinhas”.

Dos toros de raza mirandesa a punto de empezar su lucha.

Del 1 al 3 de mayo se sucederá la Feria de las Cantarinhas, que estará apoyada por el comercio local con puestos a pie de calle, por casetas para tomar una aperitivo, por un encuentro transfronterizo de juegos populares y por uno de los espectáculos típicos de esta región: el Campeonato de Luchas de Toros de la raza mirandesa.

El mismo 3 de mayo arrancará la XXXI Feria de la Artesanía de Bragança, que contará con variadas actuaciones musicales de marcado carácter folclórico, puestos y tabernas en la calle, un programa de televisión en directo desde la feria, degustaciones de productos artesanos, exhibiciones de cocina, y el II Festival Bragança Danza.

Actividades pensadas para todos los públicos que se unen a una amplia oferta cultural motivada por espacios como el Museo Ibérico de la Máscara y el Traje, el Museo Militar o el Centro de Arte Contemporáneo Graça Morais y el Centro de Ciencia Viva. Sin olvidar la exquisita cocina de las cartas de los restaurantes brigantinos. Y mucho menos el casco histórico de esta ciudad, plagado de joyas arquitectónicas como la “domus municipalis”.

 

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