Mil grullas de papel colorean el barrio del Oeste en un guiño por la paz

Rosa Domínguez elabora un millar de aves de origami, un gesto simbólico y "sencillo" con el que espera "hacer de la calle un sitio más alegre, aunque sea por un segundo"

La cortina de grullas de colores.

La plaza del Oeste luce hoy una singular cortina de colores que entrelaza mil grullas de papel. Durará “lo que quiera el tiempo”, pero mientras quiera, el viento soplará entre estas simbólicas aves de papiroflexia dejando un mensaje de paz. Su autora, Rosa María Domínguez, insiste en que el suyo es un gesto “sencillo”, fruto de un cúmulo de circunstancias, y afirma que su máxima satisfacción sería que, al pasar, “la gente lo vea y sonría”.

A Rosa le gusta “hacer cosas nuevas” y aprender, y el origami le pareció algo “asequible y diferente”. Hizo un curso en el Centro Cultural Hispano Japonés y aprendió a hacer grullas de papel, y descubrió que la técnica le proporciona un importante grado de “bienestar y tranquilidad”. Poco después, cayó en sus manos el cuento Sadako y las mil grullas de papel, la historia de una niña japonesa que a los 2 años vivió el lanzamiento de la bomba atómica en Hiroshima durante la Segunda Guerra Mundial. Nueve años después, como consecuencia de los altos niveles de radiación a los que había estado expuesta, enfermó de leucemia.

Un momento de la colocación de las grullas de papel.

En el hospital, una amiga le dijo un día: “¿Recuerdas la antigua historia de la grulla? Se supone que vive mil años. Si una persona enferma hace mil grullas de papel, los dioses escucharán su ruego y se curará. Aquí tienes la primera”. Y le entregó un ave de papel dorado. Cargada de esperanza, Sadako comenzó a elaborar grullas y más grullas, pero solo consiguió reunir 644. Falleció el 25 de octubre de 1955.

Sus compañeros y amigos completaron las 356 restantes para su funeral. Desde entonces, la grulla, símbolo de longevidad en la cultura japonesa, lo es también de esperanza y de paz para el mundo, y cada año, al monumento que recuerda a la pequeña Sadako Sasaki en el Parque de la Paz de Hiroshima llegan miles de grullas de papel fabricadas por los niños.

“Todos los días son bonitos para lanzar un mensaje de paz”, cuenta Rosa María Domínguez pocas horas después de instalar su millar de aves de origami en la plaza del Oeste. Su gesto no fue “algo premeditado”. Como fabricar grullas de papel le relaja, las hace mientras ve la tele o cuando viaja.

“Pensé que podía hacer mil y pedir mi propio deseo. Y luego pensé que para qué las iba a dejar en la pared de mi casa. Como estoy implicada con ZOES, se me ocurrió sacarlas a la calle. Es algo muy sencillo, la verdad, pero al verlas colocadas me he emocionado. Ojalá contribuyan a hacer de la calle un sitio más alegre para todos, aunque sea por un segundo”, explica esta vecina que ha tardado unos “dos meses” en elaborar “a ratos” el millar de grullas de papel que colorean el paisaje de la plaza del Oeste.

Allí permanecerán hasta que aguanten. “Ya no son mías”, subraya Rosa.

 

3 Comments

  1. que maravillosa idea! todo lo que se haga por la Paz bienvenido sea!
    Rosa enhorabuena, por tu trabajo por la idea y por lo que representa!
    la historia tiene tanta ternura y sensibilidad como tu!
    Ojalá dure una eternidad

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