“Mi padre nunca hubiera imaginado que su miel viajaría por todo el mundo”

César Redondo relata cómo ha conseguido que una empresa familiar se haya convertido en una de las comercializadoras de miel más importantes de Europa

Aprendió el negocio como el que aprende a hacer una tortilla francesa observando cocinar a su abuela. Los estudios nunca fueron lo suyo, reconoce, así que enseguida empezó a trabajar de la mano de su padre, un hombre curtido en los negocios que también heredó la vocación por derecho natal. No le ha ido mal a César Redondo, director de la mayor comercializadora de miel de España, MAES Honey

La enfermedad de la ‘varroasis’, la avispa asiática, la falta de lluvia… parece que no es un buen año para la apicultura en España… 

-No, efectivamente, este año los apicultores están sufriendo verdaderamente. La producción de miel se ha reducido a la mitad y los efectos secundarios de estos problemas, como la mortalidad de las abejas, se seguirán padeciendo durante los próximos años. El problema de la avispa asiática tiene que controlarse por parte de las autoridades; pero más peligrosa es la enfermedad, que está causando la desaparición de muchas colmenas. La climatología es un factor incontrolable y que este año no ha sido favorable.

-Las exportaciones son mayoritarias…
-El mercado nacional absorbe algo más del 20 por ciento de nuestras ventas. El resto sale a más de 30 países de todo el mundo, desde Canadá a Israel, pasando por los grandes países de Europa o islas como Malta, por ejemplo. Estamos presentes en los cinco continentes.

-De ahí, que hoy Maes Honey sea la mayor comercializadora de miel de España…
-Actualmente tenemos una capacidad productiva de 72 toneladas de miel por turno de trabajo; el año pasado llegamos a las 7.000 toneladas y, nuestro objetivo es alcanzar las 10.000 toneladas en cuatro o cinco años. Esto lo conseguimos porque tras constantes inversiones, tenemos la fábrica de envasado de miel más moderna del sur de Europa.

“Tenemos la planta envasadora más moderna de España y de todo el sur de Europa”

-Su padre, Cecilio Redondo, fue quien apostó por la comercialización frente a la producción. ¿Qué opina de que su producto se venda hoy en medio mundo?
-Está muy orgulloso, por supuesto. Nunca hubiera imaginado que su miel viajaría por todo el mundo y que su empresa tendría esta capacidad de producción. Las cifras se le escapan. Hay que tener en cuenta que se ha pasado de los 80 millones de pesetas de facturación a los 20 millones de euros. El crecimiento ha sido muy fuerte.

-¿Ha recibido suficiente ayuda por parte institucional para exportar?
-La verdad es que no. La ayuda institucional siempre ha ido más dirigida a los sectores productivos y a productos como el vino o el jamón, donde está implicado gran número de productores. Al fin y al cabo, en Salamanca somos sólo unos pocos los exportadores de miel, no es relevante para las instituciones que apuestan por los colectivos de productores.

-Sin ayudas, con poco más de 20 años y escasos conocimientos en comercio exterior e idiomas, te lanzaste a la aventura de la exportación…
-Bueno, no quedaba otro remedio. En aquella época, a principio de los 90, suministrábamos a las pequeñas cadenas de supermercados locales, como eran Díaz o Tragoz, en Salamanca; y otras similares por toda España. Pero llegaron las grandes superficies comerciales, que absorbieron a estas cadenas y rompieron con sus proveedores habituales. En dos años, mi padre perdió el 80 por ciento de la cota de mercado nacional. Fue un momento difícil, donde había que buscar una salida o abandonar. Y la solución estaba en otros países.

-Cómo fue esa primera operación en el extranjero…
-La primera experiencia fue negativa, en una feria comercial. Un libanés trató de engañarme. Así fui aprendiendo, con la experiencia y con mucho esfuerzo. El inglés era un problema, sabía lo poco y mal que nos enseñaban en el colegio en aquella época, pero me las fui arreglando para hacerme entender. Tras el aprendizaje de las malas experiencias, mi primera operación la realicé en Alemania, un país donde se consume mucha miel, es el principal país importador de Europa. La operación me resultó hasta sencilla después del trayecto que me había llevado a conseguir los conocimientos. Este éxito, unido a los fracasos que me había encontrado, me dio mucha energía para continuar, ver que efectivamente había posibilidades en el exterior hizo que quisiera seguir superándome ampliando horizontes. Entonces se vendía la miel en bidones, a granel.

“Contamos con seis profesionales dedicados exclusivamente a las ventas en el exterior”

-¿Cuándo y porqué comenzó a envasar?
-Durante siete u ocho años vendimos en bidones hasta que en el año 2000 entramos a formar parte de un consorcio de empresas exportadoras, entre las que se encontraba Galletas Gullón, Helios, Infusiones Bio-3 o Magdalenas Casado, entre otras. El objetivo era llevar nuestros productos a los países árabes. Con ellos aprendí a exportar el producto terminado. Este consorcio comercial duró una década. Por desgracias, con la crisis, alguna de estas empresas ha desaparecido.

-Hace menos de una década apostó por afianzar su empresa, hacerla más competitiva con una nueva planta, dotada de la tecnología más avanzada…
-Era esencial para continuar creciendo, aunque supuso una gran inversión y un momento de inflexión para mí, como empresario. El riesgo fue muy alto y se puso en peligro el capital de mi padre para poder continuar con el proyecto. El esfuerzo y el sacrificio merecieron la pena y hoy contamos ya con la planta envasadora más moderna de España, imprescindible para competir en Europa, donde queremos posicionarnos entre las diez empresas del sector.

-En algún momento se planteó montar la planta fuera de España…
-La idea era atractiva, pues los costes de producción hubieran sido más bajos, sin duda. Pero no todo es dinero, al fin y al cabo. Somos una empresa salmantina y de aquí hemos partido siempre. Aquí está toda mi familia y la calidad de vida que tenemos en una ciudad como Salamanca, no lo voy a tener en ninguna otra parte.

-Las modernas líneas de producción instaladas en su fábrica habrán reducido notablemente los costes en mano de obra
– Sin duda. Actualmente la plantilla es de 30 personas. En las líneas de envasado sólo es necesario un trabajador dedicado a supervisar. Ha sido muy difícil conseguir un buen equipo de trabajo. Hoy puedo decir que tengo grandes profesionales, gente joven, en su mayoría, muy cualificada y con ganas de trabajar.

-Imagino que el departamento comercial es fundamental en una empresa dedicada a la comercialización
– Fundamental. Hoy, concretamente, uno de nuestros expertos en comercio exterior está en Canadá; otra, recorriendo la geografía portuguesa y otro de nuestros profesionales, en China. En total, son seis las personas dedicadas a las ventas en el extranjero y a ese equipo me sumo yo, que sigo viajando continuamente. Estas personas, no sólo se dedican a viajar para encontrar nuevos nichos de mercado, también tienen que estar muy pendientes de toda la normativa necesaria en cada país para poder realizar las transacciones correctamente. Un aspecto muy importante y que cambia continuamente.

-Qué garantías o valor añadido ofrecen como proveedores a sus clientes…
– Garantizamos volumen, estabilidad en el precio, capacidad productiva y tecnología para llegar a tiempo a cualquier lugar.

-En estos momentos, la miel está viviendo un momento muy dulce. La sociedad está cambiando sus hábitos de consumo y optan por productos naturales. Además, cada vez está más presente en las cocinas de los grandes chefs.
– La tendencia a consumir productos naturales es un hecho. El azúcar, edulcorante natural, está perdiendo peso en los últimos años. Y, efectivamente, las cualidades gastronómicas de la miel son de sobra conocidas para los cocineros, que con mayor frecuencia la incorporan a sus platos. Es un buen momento para este producto.

-¿La miel sigue siendo un producto completamente natural?
– Desde luego. El único tratamiento que se le aplica en la planta es la pasteurización, que consiste en un choche de frío y calor y se realiza para conseguir que la miel permanezca en estado líquido durante más tiempo. Al consumidor final no le gusta el aspecto de la miel cristalizada, aunque sea su estado natural. Con este proceso, logramos que la cristalización se retrase un año, espacio de tiempo suficiente para que sea consumido desde que sale de la planta.

-Quizá uno de los secretos de su negocio ha sido centrarse en un solo producto, básicamente.
– Nuestro producto base es la miel de flores y en menor medida, la monofloral. Diversificamos el producto. Adaptamos la miel a las necesidades del cliente en el tipo de envase, color,… siendo especialistas en marca de distribuidor y también ofreciendo tres marcas propias. Además, ofrecemos miel para canal HORECA e industria alimentaria.

-¿Cómo consiguen dar forma a un producto uniforme si la materia prima llega de puntos tan diferentes del mundo?
– Ahí reside la importancia de nuestro departamento de calidad. Cada partida de miel que llega se analiza concienzudamente para que la mezcla tenga las cualidades apropiadas y resulte uniforme. Las condiciones climatológicas y el tipo de vegetación de cada zona van a determinar el sabor del producto. Por otra parte, algunos de los países a los que exportamos tiene sus propios técnicos de calidad que visitan nuestras instalaciones para comprobar que el proceso y el producto cumple con los requisitos.

– Eso de que nadie es profeta en su tierra, ¿se cumple en su caso?
– Lamentablemente, sí. No es momento para reproches, pero es triste escuchar críticas del propio sector. Sobre todo, duelen, cuando lo único que has hecho en tu vida en es trabajar y trabajar.

– Su hijo ya pasea entre los bidones de miel en el almacén, será la quinta generación si decide dedicarse al negocio
– Cuando haces una inversión tan grande como la que hemos realizado en la planta de Aldeatejada, esperas que sea para largo y que continúe el negocio familiar. Pero eso no lo decido yo, serán mis hijos quienes tomen o no ese camino.

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