El lugar común en el que conviven dos vocaciones

El salmantino Alberto López acaba de regresar de su cuarto viaje a Sierra Leona. Trabaja desde 2013 en Misiones Salesianas, que le ha dado la oportunidad de descubrir África y, sobre todo, de conectar su pasión por el periodismo con su marcado compromiso social

Está acostumbrado a hacer y deshacer el equipaje. En los últimos cuatro años y medio, Alberto López ha viajado cuatro veces a Sierra Leona y también ha visitado Liberia y Ghana, pero su pasaporte está repleto de sellos que delatan las innumerables idas y venidas que a lo largo de su vida le han llevado y traído de países remotos.

Lo que no consigue al regresar a casa, pese a la práctica, es vaciar de nombres y de historias la maleta del alma: Chennu, que sufrió hambre extrema y abusos en el “infierno” de la cárcel de Pademba Road y ahora es el mayor defensor de los niños de la calle; Aminata, que se prostituía para sobrevivir y que ha logrado cumplir el sueño de volver a la aldea de su abuela y abrir un pequeño negocio de comestibles; Abdul, que fue secuestrado por unos vecinos cuando jugaba a policías y ladrones y sufrió seis días de torturas inimaginables –hambre, golpes, cortes y descargas eléctricas–, que finalmente consiguió huir con la cabeza abrasada por una plancha y que ha vuelto a sonreír bajo la protección de los salesianos en el centro Don Bosco Fambul…

Hace menos de dos semanas que el periodista salmantino regresó de su cuarto viaje a Sierra Leona. El primero fue en plena epidemia de ébola y le marcó de por vida. “Estuvimos en aldeas donde la enfermedad afectó a dos tercios de la población, donde encontraban 80 muertos cada día y en las que veías cómo enterraban los cadáveres. Desde luego, cuando estás allí no te planteas dejar de abrazar a un niño o impedir que te toque. Supongo que visto desde fuera, fue un poco inconsciente, y más con la psicosis que hubo en aquel momento en España, pero me permitió conocer una realidad desconocida”, recuerda.

Le permitió, sobre todo, descubrir África y a sus gentes, su sonrisa fácil pese a todo y su inmensa capacidad de sobreponerse a los mayores sufrimientos y de tener sueños pequeños si se miran con los ojos de quienes habitamos la parte privilegiada del planeta. “Yo siempre pensé que Latinoamérica se te metía en vena, pero África… Es increíble su luz, su resiliencia, la naturalidad con la que viven el día a día, a pesar de su dureza, su capacidad de levantarse después de cada tragedia y dar gracias a Dios por seguir vivos…”, cuenta Alberto, quien reconoce que cuando uno regresa de todo eso es “complicado encajar” las piezas de una rutina más o menos acomodada.

“Paso muchos días en shock hasta que me habitúo de nuevo a nuestra cómoda rutina, porque te das cuenta de la suerte que tienes de haber nacido aquí. Siempre pienso que todos deberíamos tener la oportunidad de conocer este tipo de realidades para replantearnos nuestro orden de prioridades”, señala. Él ha tenido muchas, aunque en su caso es más acertado hablar de opciones, más que de oportunidades. De opciones personales. “Antes de empezar a viajar sabía que haciéndolo iba a ser feliz”, comenta. Comenzó visitando a un antiguo profesor, misionero en Bolivia, en plena selva del Amazonas. Pidió una excedencia, se reincorporó a su trabajo, pero cada verano pasaba todas sus vacaciones como voluntario y cooperante. En Venezuela, Bolivia, Paraguay, Perú, Argentina, Brasil…

‘Sinergia’ de vocaciones

Tras pasar por medios como La Gaceta, Antena 3, Tribuna de Salamanca y El Adelanto, la vida, con sus designios, ha acabado por llevar al periodista salmantino a la mejor de las coincidencias, y desde 2013 trabaja en el Departamento de Comunicación de la institución sin ánimo de lucro Misiones Salesianas, una labor que en estos años le ha proporcionado “vivencias impagables” y que le resulta de lo más “gratificante”, porque le permite conocer otras realidades y cumplir un poco ese sueño utópico del periodismo como herramienta útil para cambiar las cosas.

Alberto López, con dos de los protagonistas de ‘Alto el fuego’.

Apenas cuatro días después de regresar de Sierra Leona y Ghana, Alberto López se echó a la carretera para presentar en distintos puntos de la geografía española -entre ellos Salamanca- el sobrecogedor documental Alto el Fuego, el documental que narra el trabajo que realizan los salesianos en Ciudad Don Bosco (Medellín) para la reconstrucción personal y la reinserción social de los menores desvinculados de los grupos armados de Colombia. El proyecto, de nombre ‘Construyendo sueños’, ha sido seleccionado entre 73 candidaturas de todo el mundo como merecedor del Premio Derechos Humanos de la Abogacía 2017 en la categoría de instituciones, galardón que entrega el Consejo General de la Abogacía Española.

El próximo abril, coincidiendo con el Día Internacional contra la Prostitución Infantil, Misiones Salesianas presentará otro documental, esta vez rodado en Sierra Leona, y también dirigido por Raúl de la Fuente (ganador de un Goya en 2014 por Minerita). En los preparativos de la campaña de presentación de la cinta se centra ahora el trabajo más intenso e inmediato de Alberto López. La realidad de este castigado país africano y, sobre todo, la de sus niños y adolescentes, víctimas de una violencia casi endémica, volverá a escucharse en Madrid, en las instituciones europeas y hasta en el Vaticano, ya que es probable una recepción con el Papa. Y detrás de esa voz que se alzará contra el olvido mucho tiene que ver el compromiso de este salmantino que ha encontrado el lugar común en el que se cruzan sus dos vocaciones.

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