Los cactus del cercano Oeste

María José Buendía ha tricotado unos mil cactus, que causan furor en las bodas, los mercadillos y recibe pedidos a través de las redes sociales

María José Buendía Maldonado aterrizó en Salamanca hace unos cuatro años. Y su marido le trajo un día un cactus fabricado a ganchillo. “Esto lo tengo que hacer yo”, pensó la granadina que, como aún no tenía amistades en la ciudad y tampoco trabajaba, debía emplear su tiempo en alguna afición “para no aburrirse”. Y, de ahí, surgieron los miles de cactus que confiesa que ha tricotado. “Tengo tantos que no caben en casa”. Además, éstos no requieren de ningún cuidado especial; seguramente, no sirvan para absorber las radiaciones del ordenador si se colocan cerca, pero es que las plantas ‘de verdad’ tampoco lo hacen y los de lana tienen el añadido de que no necesitan ni agua ni atención. “Y lo mejor de todo: no pinchan”, bromea María José.

En uno de sus paseos por el barrio del Oeste, encontró la asociación de vecinos ZOES donde el taller que más le atrajo fue precisamente el de ganchillo. Y, allí, junto a unas 12 personas, es donde ha adquirido los conocimientos porque “de joven cosía lo justo” pero ahora ha pasado a otro nivel. “No tenemos profesor pero entre nosotras compartimos experiencia”, alega la granadina que, además, es autora de muchas de las obras tricotadas made in Salamanca que se pueden observar en este célebre barrio.

Además, también da clase de ganchillo los jueves a una veintena de reclusos en Topas a los que les ha enseñado los secretos de los cactus pero de otros motivos, como los dormilones para bebés, chales, bolsos, marcapáginas, guirnaldas para Navidad… Un sinfín de ideas que también vende.

Inmaculada Cid, presidenta de ZOES, le inculcó el gusanillo por los mercadillos. “En el primero, vendí los 25 cactus que había llevado en tres horas”. Y es que son un original regalo que, también, personaliza, para bodas, bautizos, eventos de empresa y para particulares.

Le echa muchas horas; desde que acaba de comer hasta la noche. Y se aprovisiona con materiales “de buena calidad”. “La lana la cojo en una tienda en Salamanca pero pido mucho por Internet, como el algodón y el perlé porque hay más variedad y colores”, revela María José, quien asegura que está inmersa en varios pedidos de dormilones para bebés. “Casi toda la gente me contacta por las tarjetas de visita de los mercadillos”, afirma. Pero, “también por las redes sociales”, que mantiene activas gracias a sus hijos, bajo el nombre de Alfalanas.

Junto a la asociación de artesanos de la Sierra de Béjar, Jardín de las Delicias, tiene planificados varios eventos, como los de Puente del Congosto o Lagunilla a primeros de agosto.

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