“Al principio se te acaba el mundo, pero ya pasó y aquí estoy”

Anabel descubrió casualmente que tenía un bulto en el pecho. Tras la operación a la que se sometió hace más de cuatro años y quince meses de quimioterapia considera la enfermedad una etapa superada. "Estoy estupendamente", asegura.

Rehúsa la foto. No quiere que la gente, al reconocerla, la asocie de nuevo a una circunstancia “que ya pasó”. “Mi entorno lo sabe, nunca lo he ocultado, pero lo he superado y aquí estoy. Salvo los seis días en los que me prohibieron conducir después de la operación, he seguido mi vida tal cual. En la última revisión me dijeron que va todo bien y yo estoy estupendamente”, cuenta.

Anabel se niega a que el cáncer de mama sea algo que la defina, así que recuerda la enfermedad como una etapa de la que quedan escasos vestigios, como las revisiones semestrales y la pastilla diaria de su tratamiento hormonal. En mayo se cumplieron cuatro años de la operación en la que los especialistas retiraron un tumor que detectó de forma casual, al palpar un bulto en el pecho.

Fue al médico de cabecera y no le dio demasiada importancia; acudió a Urgencias y confirmaron que había una masa detrás del pezón, así que la derivaron al ginecólogo, pero la cita se marcó dos meses después, así que para calmar “los nervios de la espera” decidió buscar una consulta privada. Tras las pruebas pertinentes, que sirvieron para descubrir que aquello era cáncer, inició el proceso para vencer a la enfermedad, ya desde el sistema sanitario público.

En positivo

“Consiguieron reducir muchísimo el tumor con un tratamiento de quimioterapia, y cuando me operaron era ya como una lenteja. La verdad es que he tenido suerte”, afirma. Eso, y que tomó la determinación de ir a por todas. “Es verdad que al principio, cuando te dicen que es maligno, se te cae el mundo, porque el cáncer se asocia a muerte. De hecho, mi madre y su hermana murieron por cáncer de estómago con dos meses de diferencia. Pero luego me dije que, dentro de lo malo, era lo mejor que me podía haber pasado, porque el de mama es uno de los cánceres con mayores posibilidades de supervivencia, así que me lo tomé bien y tiré para adelante. Por mí y por la familia”, recuerda Anabel, que ahora tiene 51 años.

El tratamiento con quimioterapia duró 15 meses en total, un periodo que también llevó “muy bien”, aunque no niega que es “duro”, que sufrió algunos efectos secundarios y que a veces, después de un ciclo, estaba “echa polvo” al día siguiente. “Cuando vi que empezaba a perder el pelo, me rapé y me compré una peluca”, señala.

Decidida a no alimentar la preocupación de su marido y su hijo, que entonces tenía 12 años, Anabel optó por ser positiva, un consejo que ofrece a quienes acaban de ser diagnosticados. “Dicen que es importante cómo te lo tomes, y yo creo que es verdad. Aunque las emociones son muchas y diferentes, no te puedes deprimir, hay que luchar, porque aunque al principio lo parezca, ahí no se acaba el mundo”, recalca.

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