“Me marché a Berlín con una beca Erasmus y me quedé para siempre”

Aprender alemán y vivir un aventura en el extranjero llevó a Jéssica García hasta Berlín, lo que nunca imaginó es que haría de Alemania su patria de adopción

“Llegué a Berlín el 30 de septiembre de 2003 con una beca Erasmus. En realidad pensaba que me iba a quedar un año, y al final no volví más”. Así resume la salmantina Jéssica García Marcos el motivo por el que se marchó a Berlín, donde trabaja como profesora de español y alemán. “Doy clases de castellano y también de alemán en el instituto de Enseñanza Secundaria Coppi Gymnasium”, aclara.
Jéssica, que estudió Filología alemana, ya había vivido antes en el país germano. “Pasé dos veranos consecutivos en Colonia para mejorar mi alemán. Para costearme los gastos, estuve trabajando en fábricas”, cuenta.

La ciudad
“Berlín no es una ciudad especialmente bonita -como Roma o París-, lo que la hace bonita es su historia, lo que aún se aprecia del pasado en ella, la variedad de gentes, barrios y gastronomía, los contrastes y la oferta cultural”, adelanta. Destaca también que es una ciudad muy verde y bastante tranquila, para el gran tamaño que tiene. Apunta la joven que Berlín se caracteriza por ser una ciudad en la que sus habitantes y turistas se mueven por barrios; tanto es así que es fácil coincidir con conocidos paseando, algo inaudito en grandes capitales. “Una vez iba caminando por una calle del famoso barrio Mitte y allí me encontré con un antiguo amigo de la escuela de música de Salamanca que estaba de visita en Berlín”.
Como cicerone de la ciudad que la ha acogido, la salmantina recomienda moverse por barrios como Neukölln, donde vive, en el que conviven personas de muchos lugares diferentes y se respira el aire de muchas culturas. “Además, también está el Tempelhofer Feld, un antiguo aeropuerto que actualmente no está activo y desde 2010 se ha convertido en el parque público más grande de Berlín. La gente aprovecha su superficie para practicar deporte, dedicarse a crear jardines o, simplemente, hacer una barbacoa o un picnic con los amigos”.

En este mismo barrio, Jéssica señala otro punto de interés: el Klunker Kranich, un bar-restaurante situado en la azotea de un centro comercial del que, asegura, se puede disfrutar de una vista increíble sobre Berlín y donde, además de tomar algo, puedes disfrutar de un programa cultural muy variado”.
Los que estén interesados en la historia de la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría tomen nota: “Les recomendaría hacer una ruta en los ‘submundos’ de Berlín, en la parada de metro de Gesundbrunnen, en el barrio de Wedding, a pie o en metro, por los búnqueres de la ciudad. Es una experiencia inquietante que te acerca al pasado y te conmueve”, remarca la joven.

Pero esta ciudad cargada de historia y cultura también tiene su lado más oscuro, o gris, para ser exactos. “Me ha costado acostumbrarme al clima, que ya es mucho menos duro que cuando llegué. Y no lo digo por el frío, sino por el ambiente gris, plomizo, en el que está envuelta la ciudad casi de continuo”.
En cuanto a la vida social, la salmantina lamenta que en estos años apenas haya hecho amistades con alemanes. “Tengo más relación con españoles o gente de otros países que con alemanes. En el pasado tuve un novio alemán y eso me introdujo en su ambiente, aunque seguía saliendo con españoles. Actualmente me muevo también con italianos -mi marido es italiano-”,comenta.

La idea de volver a España hace tiempo que ha desaparecido de su cabeza: “De momento, ésta es mi casa y, aunque echo de menos a mi familia y otras cosas de mi país, no me puedo imaginar viviendo de nuevo allí”.

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