“Los temblores en Chile son algo habitual”

Hortensia Martín, salmantina afincada en la ciudad chilena de Vallenar, ha sufrido algún que otro susto por los seísmos que se suceden en el país. Vive en sudamérica desde 2012 con su marido e hijo y, desde algo más de un año, con la perrita de la familia

En la localidad salmantina de Carrascal del Obispo se encontraba su hogar pero Vallenar, capital de la provincia de Huasco en la región de Atacama -Chile-, es la actual residencia de Hortensia Martín Rodríguez. Allí vive junto con su marido, su hijo y, desde hace un año aproximadamente, su perrita Kyra también está con ellos.

Esta familia tuvo que emigrar al país sudamericano por motivos laborales. Chile les ha dado trabajo, algo que no sucedía en España. Marido e hijo -encargado de obra y arquitecto técnico, respectivamente- trabajan codo con codo en la instalación de parques eólicos. “Uno continúa desarrollando su vida laboral y al otro le han dado la oportunidad de comenzar”, ratifica Hortensia para ilustrar una situación muy habitual en España: personal del sector de la construcción de más de 50 años que ya no encuentra trabajo y jóvenes que acaban sus estudios universitarios a los que se les exige experiencia pero no se les da la primera”.

“En 2012, al tener menos trabajo, la empresa para la que trabajaba mi marido decide salir a otros países a probar suerte y le proponen venir a Calama -Chile-”, comenta Hortensia. Tres años más tarde, en 2015, el trabajo les haría cambiar a Vallenar.

Hortensia Martín, junto a Kyra en la puerta de su casa en Vallenar.

La primera vez que se mudaron a Chile supuso un reto para esta salmantina y no sólo porque se estrenaba montando en avión y porque el viaje durase unas 13 horas -porque el vuelo “fue muy bueno”- sino porque la Policía de Investigaciones (PDI) no les dejaba entrar en el país y pretendía mandarles de vuelta a España. “Mi marido consiguió hablar con un compañero y con el señor que nos estaba arreglando los papeles para que pudiese trabajar y se aclaró todo. Lo malo fue que cuando pasó todo esto y fuimos a por nuestras maletas, ya no estaban, las habían mandado de vuelta a España. Así que nos tocó comprar ropa y ese día, precisamente, íbamos con chanclas y de verano; aquí era invierno y llovía. Al cabo de dos días, aparecieron algunas maletas pero una no la hemos vuelto a ver”, lamenta.

El día a día de Hortensia es muy semejante al que pudiera tener en España. No obstante, confiesa que “hay pequeñas cosas y costumbres muy distintas. Un ejemplo de ello son las casas, que principalmente están hechas de madera”. “Aquí, al saludar sólo se da un beso en una mejilla y, a pesar de que el idioma sea castellano, tienen muchas palabras diferentes. A las 12 del mediodía ya se dice ‘buenas tardes’ y todos se tratan de usted”. Otra pequeña diferencia está en el pan, “aquí no se compra por pieza sino por peso. La comida ‘chatarra’, como ellos dicen, es muy habitual y a las seis o las siete de la tarde cenan pero ellos lo denominan ‘tomar once’”.

“Aquí, el pan no se compra por pieza sino por peso, la gente se saludo con un sólo beso y se cena a las 6”

Salvados los inicios de una nueva vida y en un nuevo país, Hortensia observa, en cada viaje que realiza la familia para conocer todos sus rincones, vestigios de la cultura española. “En el Observatorio Astronómico de La Silla, la guía nos contaba cosas de ‘El Quijote’ y el ‘Cantar del Mío Cid’. Los autóctonos son personas muy buenas, agradables y tremendamente solidarios, dispuestos a ayudarse en todo cuando ocurre una tragedia”.

Chile les ha acogido “muy bien” aunque los seísmos son de otro capítulo. Según cuenta Hortensia, “los temblores son algo habitual” pero inesperados y les provocan algún que otro susto. “El pasado 16 de septiembre, me encontraba en la novena planta de un hotel en Santiago de Chile, el temblor fue tal que me agarré al quicio de la puerta y le pedí a Dios que, ya que había llegado tan lejos, me dejara regresar a casa. En cuanto pasó un poco, me puse la cazadora encima del pijama, cogí el bolso con los documentos y salí a la calle”. La semana pasada, esta salmantina relata cómo se notó el temblor de Huasco de magnitud 5,7 en la escala de Richter, a unos 50 kilómetros al oeste de Vallenar.

“La gente es muy buena, agradable y  muy solidaria,  sobre todo cada vez que ocurre una tragedia”

Hortensia es “muy feliz” allí y, desde hace algo más de un año, Kyra, la perrita y miembro imprescindible de la familia, les acompaña, aunque son muchas las cosas que añoran de su tierra salmantina: su familia y sus amigos, sobre todo. Sueñan con poder regresar algún día a casa y, de momento, han de conformarse con volver de vacaciones en cuanto marido e hijo acaben la obra. “La vida te enseña lo bonita que es España y a apreciar las cosas buenas que tenemos y que no vemos hasta que estamos lejos”, sentencia Hortensia.

PERFIL

  • Nombre: Hortensia Martín Rodríguez
  • Ocupación: Ama de casa
  • Lugar de residencia: Vallenar (Chile)
  • Habitantes: 53.000
  • Distancia: 10.238,03 kilómetros

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