Duqm combina desierto, playa y montaña

El salmantino Antonio González reside en Duqm, Omán, y se encarga de supervisar la ejecución de carreteras y canales de drenaje en un proyecto al lado del mar Arábigo

Antonio González, en el desierto de Arenas de Al-Wahiba, Omán.

Existe un lugar donde las montañas superan los tres mil metros de altura, donde los barrancos y sus espectaculares puntos verdes alegran los sentidos, donde las playas vírgenes se combinan con las dunas de un inmenso desierto -y sus oasis-, que tranquiliza y fortalece el alma… Donde el mar Arábigo bordea la costa y cuyos habitantes provienen de una cultura milenaria. Puente y punto de escala en el comercio con oriente y que, en la actualidad, tiene previsto construir dos refinerías de petróleo, centros comerciales y zonas industriales. Un lugar donde, según las leyendas, Simbad El marino surcaba los mares, donde la Reina de Saba poseería un palacio, hoy en ruinas; donde se localizaría la entrada a la perdida ciudad de la Atlántida y donde se darían vida a Las Mil y una Noches… Y, aunque esto último no sean más que fábulas, ese lugar existe y se llama Omán.

Y en este sultanato con monarquía absoluta reside el salmantino Antonio González, concretamente en la ciudad portuaria de Duqm, en un “paraje emergente y tranquilo”. Allí se dedica a desarrollar el sistema de calidad, -controla los materiales y ejecución de unas carreteras y canales de drenaje de un proyecto presupuestado con unos 200 millones de euros-.

“Uno de los principales retos que estoy afrontando es el sistema de cimentaciones de los terraplenes y las protecciones de los drenajes. El proyecto se desarrolla al lado del mar en una zona muy complicada por sedimentos arcillosos y niveles piezométricos altos que dificultan los trabajos de la maquinaria”, revela Antonio. El salmantino dispone de total autonomía y confianza de la Autoridad de la Zona Económica Especial (Sezad) y trabaja en el epicentro de lo que ya denominan “el mayor núcleo económico de Oriente Próximo en la costa de Al Wusta”.

“Vivo en Duqm desde hace tres meses, aunque he trabajado en Mascate -la capital de Omán- durante dos años”, alega el salmantino, que creció en Ciudad Rodrigo. “He trabajado fuera de España durante muchos años debido a las escasas expectativas de trabajo existentes en nuestro país. Además, en España una persona como yo (56 años) es laboralmente vieja y me faltaba expansión económica y perspectiva de futuro en Salamanca. Y, en países como Omán, se da gran valor a las personas con experiencia que pueden aportar su bagaje y conocimientos para su desarrollo”.

Antonio desvela que no le costó adaptarse pues ya había estado anteriormente en Omán, “aunque la vida en Duqm es muy simple, no dispone de mucha actividad cultural y social. Es una ciudad muy tranquila y la gente muy afable, te reciben muy bien y te ayudan en todo aquello que pueden. Son muy hospitalarios y muy estrictos en el respeto de sus normas, aunque Omán es uno de los países más permisivos con las costumbres occidentales”, explica el salmantino al referirse a las regulaciones y tradiciones del país. “Si rechazas cualquier ofrenda puede ofenderles; se debe descalzar al entrar en los hogares; evitar mirar a las mujeres que vayan sin hiyab (velo que cubre el pelo) y abaya (vestido suelto, parecido a una bata); no beber o comer nada, incluido el alcohol, en público; tampoco delante de ellos en el ramadán”.

Omán fue nombrado en 2010 por la ONU como el país que más había mejorado en todo el mundo en 40 años y Antonio asegura que “es un buen país para vivir”. “Yo diría que de los mejores”, asegura el salmantino, que se ha recorrido medio mundo.

Un oasis en pleno desierto.

La mujer “no encuentra más limitaciones que las residuales de una cultura ancestral”, “pueden conducir y moverse sin acompañamiento masculino”. “Su situación en Omán sería comparable a la de España en las décadas de 1950 a 1970, aunque con un nivel de desarrollo es superior”.

“No hay terrorismo y las relaciones con los países limítrofes son buenas. Los inmigrantes no tenemos problemas y tampoco los practicantes de otras religiones. Apenas hay robos o asesinatos, pero hay que tener mucho cuidado con el tráfico, debido a la forma de conducción y existe algo de intranquilidad por la falta de salud del Sultán y su sucesión”. “Lo más necesario es un hospital, pues el más próximo se encuentra a 300 kilómetros”.

Antonio no tiene entre sus planes volver a Salamanca. De momento, se queda con las buenas temperaturas de Omán, que superan los 50 grados en verano; la halwa (postre dulce) y “la paz, sosiego e inmensidad” que transmite el desierto.

PERFIL

  • Nombre: Antonio González Losa.
  • Ocupación: Responsable de Calidad y Geotecnia en uno de los proyectos de Duqm.
  • Lugar de residencia: Duqm, Omán.
  • Habitantes: 11.200.
  • Distancia:  6.384,70 kilómetros.
  • Diferencia horaria: Tres horas más.

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