El sábado ganó el Madrid la duodécima “orejona”, el miércoles robaron el bombo a Manolo el del Bombo y hoy retiran el medallón de Franco de la Plaza Mayor de Salamanca. Demasiados acontecimientos de alcance planetario en una sola semana. La misma en la que la Estación Espacial Internacional ha sobrevolado Salamanca en varias ocasiones pasada la medianoche, que es cuando resulta visible durante esta época del año con anocheceres tardíos. Al seguir por el cielo el puntito luminoso imaginé que se trataba de una señal, un guiño del cosmos, un saludo de los colegas que están ahí arriba. Quizá querían sumarse a las celebraciones por el decimotercer aniversario de DGRATIS, que es el que viene después del undécimo y el duodécimo. Los madridistas tenemos muy claro desde la pasada semana esto de contar con ordinales, aunque seguro que queda por ahí algún lerdo que celebró la “doceava”. El caso es que Júpiter se ha conjuntado con la Luna y la IIS ha pasado a verme en esta semana tan especial que parece haber desencadenado sucesos sorprendentes.

De todos ellos, el exilio forzado de Paco nos tiene a todos sumidos en un estado que se podría definir entre la congoja y el alivio. La parte triste es que lo que se van a llevar es una escultura, uno de los nuestros, que la sociedad quiso un día ver allí y que otra sociedad, la misma pero ya radicalmente distinta, hoy lo desprecia. Y la parte buena es el alivio de que, después de todo este follón, su efigie descansará por fin en paz. Espero que el centro de arte contemporáneo DA2, sea un hotel temporal hasta que se lo lleven al Centro Documental de la Memoria Histórica, que debería ser su destino final.

No hay muchos metros, hasta lo podrían llevar en carretilla, pero la burocracia y las administraciones tienen estas cosas.
Algunos llegarán hoy reclamando un respeto a la historia y a la integridad del patrimonio de la Plaza. Pero aunque los de siempre sigan en sus trece, el sentido común dice que la centenaria Plaza Mayor debe liberarse de ese pegote con el que el dictador se quiso dar un homenaje. Nosotros pasaremos página y la vida seguirá dejando atrás el recuerdo de este impostor que fue condenado por el juicio de la historia. Aunque Paco, el nuestro, el del medallón, fuese majete.
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