Timocracia

Suicidario: No me lean | Roberto Moura

Es la primera vez, en toda mi vida de articulista cansino, al menos que recuerde, que pongo una(s) palabra(s) como encabezamiento, para después, tratar de rellenar con otras venideras el contenido de un folio cualquiera, blanco inmaculado. Siempre hice al revés, creo recordar, primero escribo el relleno y después titulo a modo de lazo que todo lo empaqueta. El resultado, ustedes ni lo notan, ni falta que les hace.

La palabra en cuestión, tiene dos acepciones rescatables, a saber: La original, proveniente de allá cuando los griegos discutían sentados en bata, desde su epicentro moral, las posibles y mejores formas y reformas de gobierno para el pueblo, salvo para los esclavos, por supuesto, y que a día de hoy, recoge nuestra cada vez, más pateada y menos consultada Real Academia Española, RAE para los amigos, como “Gobierno en que ejercen el poder los ciudadanos que tienen cierto nivel de renta” Y la segunda, más mundana, diría irónica, sería la que algunos de ustedes le otorgaron nada más leer el título y que se ajusta estupenda pero desgraciadamente a esta realidad sufrida y circundante. El gobierno del timo, por si alguien no ha intuido de qué perogrullamos.

“Siento ser tan torpe en la metáfora, pero por mucho cambio de dígito, aún recuerdo donde estamos”

Las dos me vale: Que las economías más poderosas gobiernan más que nunca, aunque usted lo niegue y no lo advierta, y que el timo, la estafa y el engaño se instauran en el ADN del aspirante a dirigente o gobernante y sus secuaces. Todo es una manipulación de primer grado. Una enorme función, un absurdo teatro donde los actores, contratados tetra anualmente, rompen la cuarta pared y bajan a interactuar con un público variado, acólito o disidente, contrario o entusiasta pero obligado, a fin de cuentas, a no poder levantarse, sujeto a su butaca. Entre el público siempre ha de reinar la división y el desconcierto, así, los actores principales improvisan actuaciones placebo para calmar los ánimos encendidos o dotan de seriedad sus gestos para seguir siendo fútiles, vacuos. Ya saben que no se ve igual la función, desde el proscenio, gallinero, etcétera o bambalinas. Siento ser tan torpe en la metáfora, pero por mucho cambio de dígito, aún recuerdo donde estamos.

Debiera haber comenzado felicitándoles el año, lo sé, lo siento, pero no me sale. Bueno, honestamente, tampoco lo siento. Como mucho, les deseo que este año les ofrezca, salud, cobijo y comida y, por supuesto, todo tipo de situaciones superables, que forjen su espíritu para bien y amplíen su corazón y su criterio. Por lo que a mí respecta, seguiré otros doce meses más con mis despropósitos anuales. Aunque eso sí, este año a ver si, por fin, comienzo a fumar de una vez por todas, a ver si logro separarme de mi adorable y estropeo mi figurín, si logro engordar unas arrobas.

No me escriban:

suicidiario@hotmail.com

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