Juzgamundos

Suicidario: No me lean | Roberto Moura

Soy libre para hacerlo, pero no tengo opinión. Y si la tengo, no la quiero. Sería fruto de mi desinformación al respecto, de la impronta, de la tradición, de la necedad, de la inculcación, etc… o del resalte del momento. No sé qué me pasa en estas últimas décadas, desde que abandoné el arrojo propio y la inconsciencia que te proporcionaba la edad imberbe, que me da más por callar que por la queja o la protesta. No hablo de inmutabilidad, porque uno, como ser y estar viviente, siente, aunque sea lo justo o poco, o demasiado quizá, para después obviarlo, como si nada de las emociones que peregrinasen por mi cuerpo fuesen mías o me pertenecieran.

Soy más, así me veo, como un terminal por donde transitan, como un pararrayos asediado por un rayo, esperando que sus ráfagas y sus resonancias entren y salgan cuanto antes y todo siga igual, salvo quizá algunos pelos chamuscados y una boca abierta fruto del asombro, que pronto hubiera de cerrarse, no sea que se le fueran a escapar unas palabras. Y en el peor de los casos, que por la tinta queden presas.

“Cada vez que practico el ejercicio de las relaciones sociales, me veo amenazado por temas de conversación, también sociales, como al que arrojan contra la pared esperando un puñetazo”

Todo este rollo que suelto es porque cada vez que practico el ejercicio de las relaciones sociales, me veo amenazado por temas de conversación, también sociales, como al que arrojan contra la pared esperando un puñetazo. A mí pegadme duro y seco, que no sé qué contestar que les complazca. El análisis de la situación me llevaría un espacio de tiempo de reflexión responsable y un tiempo aún mayor, para exponer cada cara de la situación poliédrica, así como el desmenuce y despiece de todos y cada uno de los protagonistas, asociaciones encubiertas, intereses creados por cada una de las partes, etc… en caso de saber de sus existencias.

La sociedad actual, me temo que también las anteriores, no pide reflexión, exige bandos. A favores o en contras, filias o fobias; adora el enfrentamiento, la discusión y repudia la indiferencia, el paso de puntillas y la exposición del discernimiento.

El mundo pronto se me hizo bola y quedé engullido por su desproporción. Ahora, no quiero proclamar ningún posicionamiento que pudiera concretarse en una frase, superlativa si es en gusto y chabacana si es de disgusto contrario. También recuerdo un tiempo anterior, de no hace mucho, donde la mesura habitaba cómoda entre la exaltación y el exabrupto. Que en paz descansen el juicio, el razonamiento, la cordura y el criterio.

No presumo de lo que no soy, que todavía me queda un trecho para llegar el largo camino que emprendí de un modo natural con destino a… ¿la parca? A veces sueño cómo sería si me volviera felizmente mondo, sin añadidura ninguna, y retrotraerme del todo, para retener el gusto de las cosas como cuando llegan a tu vida por primera vez, prístinas, sin máculas. Luego, despierto, me ducho… y me voy a las casetas.

No me escriban:

suicidiario@hotmail.com

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