Instrucciones para pasar un día

Suicidario: No me lean | Roberto Moura

Levántate tarde, sin despertador. Haz las cosas despacio, a velocidad de resaca, pero completamente descansado y preferentemente en pijama o con ropa mal mezclada, de esas con las que podrías ganar un estrambótico concurso de un bar que haga esquina. Me vale también ir desnudos. Y desnudas, por supuesto. Desayuna con pausa, mucho, variado. Innova o repite, tarda, pero hidrátate con agua a lo primero. Si es con limón, ya ni te narro. U olvida lo de comer y sigue ayunando un rato. Hasta que te canses, más otro rato. No te olvides, de poner música o quitarla. Según te dé el ánimo o según salgan de quemadas las tostadas. No veas la televisión durante la jornada, salvo si abates con precisión cirujana algún programa. Puedes también hacer lo mismo con la radio, aunque, por favor, infórmate apenas, si puedes, nada. Mira el tiempo, eso sí, si tienes tierras, ganas o viajas. Fíjate con todo detalle si lloverá en aquella costa que visitaste aquella vez, o nevará donde siguen viviendo todavía tus parientes más lejanos.

Disfrútate al máximo o al menos sopórtate como dios manda. No te flageles más de la cuenta de la vieja. Ponte a tocar tu instrumento favorito, o compón algo, dibuja, rima, baila, salta, cose, esculpe o declama al cielo. Inspira, sonríe, tararea, silba también canta. Imagina, proyecta, visualiza, aligera, despreocupa. Nada decir tiene que acaricia, besa y todos los demases, si tuvieras compañía predilecta. Propón más verbos calmos y quehaceres.

Tú, ante todo, no ahondes, no vayas a encontrar vallas. No metas las narices donde no te importas. No te dejes consultar por tu conciencia si la hubiere. Abandona el juicio crítico hacia el prójimo como hacia ti mismo. Consiéntete como te sientas pero trata de evitarlo. No juzgues, sé liviano, no te pongas en batalla. Ten al comer la moderación como costumbre y cumple casi siempre a rajatabla esa premisa o ahora que no miro, vas y te la saltas.

Esto que voy a contar no es estrictamente necesario. Sólo habría que hacerlo en caso de reunir la determinación suficiente y extirpar toda duda de que no estás equivocado. Repito: no hay porqué hacerlo. Advierto de lo peligrosísimo que es salir a la calle a tratar con gente y más en estas fechas. Si lo haces un rato, estira las piernas, estíralas hasta que digan basta. Y saluda a quién te cruces si te cae bien. Si no te cae, con no mirar, tendremos suficiente. Jamás de los jamases, en un día como este, se provoca un encuentro. Si por un casual, alguien interfiere contigo de mal grado, corre. Mucho. Corre si quieres, sin rumbo, plántate, así a lo tonto, en un lugar inesperado. Siéntate en un banco después, a descansar o sigue andando. No seas intrépido. Regresa pronto a casa. No me escriban:

suicidiario@hotmail.com

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