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Suicidario: No me lean | Roberto Moura

Queridos exlectores:

Ha llegado el momento. Han pasado ya casi catorce años desde el comienzo de esta aventura llamada DGratis. Y hoy, sí sé por qué, les deseo de vida, otras casi catorce veces catorce. Hoy es un día cualquiera, que, como todos, tendrá sus obituarios, anécdotas y efemérides. Hoy (cuando escribo), por ejemplo, ha muerto un longevo y reconocido escultor salmantino o un grandérrimo e irrepetible humorista gráfico español, entre otros miles que no aparecerán nunca en las necrológicas. Hoy, también, hace tantos años como treinta y siete, nos mandaron, tricornio en ristre y arma en mano, que “quieto todo el mundo” y que nos sentáramos, ¡coño! Lamentable y sinceramente, creo que consiguieron su objetivo…

Hoy, (cuando me leen) también yo, me bajo del barco. Llevo años tratando de apearme en marcha, de tirarme por la borda y diluirme en otras aguas. Las del silencio absoluto. Hoy es el día. Comienza el final. Las últimas palabras, que no las mejores, siquiera llenas de emoción. Ni un ápice de nostalgia. Hoy digo adiós, hasta luego, hasta nunca o hasta siempre.

“Gracias a aquellos que me leyeron y gracias a los que no. Fue otra, de las millones de maneras que hay, de perder el tiempo”

Hoy muere mi personaje. Lo mato a traición, para ustedes, o lo fui, para mí, envenenando poco a poco. Me lo quito de encima, de en medio. Lo echo a un lado. Le doy matarile, lo estrangulo, lo ahogo o lo jubilo por falta de emoción. RIP, como abreviaban en latín, o QEPD como abreviamos en español.
Siempre quise ser anónimo. Absolutamente anónimo. No me gustó nunca ser leído por gente que sabía quién era. Me coartó todos los artículos, todas las frases. Siempre poniendo freno a lo que soy, lo que siento y lo que tengo. Nunca he sido un escritor, ni ganas tengo. Sólo soy aquél que pasaba por ahí cuando andaban buscando. No tengo redes sociales, luego no existo.

Cuando comencé, me encontré un mundo roto y contrariado. Hoy lo dejo igual de mal, justo justo como estaba. Quizá algún día, por ponernos locales y estupendos, esta España nuestra de machete en boca, botijos frescos y azadones oxidados, este país, de cohortes de validos, de políticos muñecos o de inválidos sociales, este país, de carabelas cargadas de conquista y botulismo, de odios y opresiones, de historia antigua que llena libros y de historia moderna que vacía las cabezas, quizá, sólo quizá, algún día -insensato soy y ya para acabar- deje de sangrar, se hermane y diga basta.
Gracias a aquellos que me leyeron y gracias a los que no. Fue otra, de las millones de maneras que hay, de perder el tiempo.

Hoy comienza todo. El futuro no es lo que viene, es lo que vamos a hacer.

Seamos realistas, hagamos lo imposible.

Atentamente, el que se hizo pasar por Roberto Moura.

No me escriban:

suicidiario@hotmail.com

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