Las palabras y las flores

Relato | Manuel Valls Gordejo

Un girasol crece en el arcén de una avenida. A un lado, un polígono industrial escueto, cuatro calles de naves sobre el mirador del río. Al otro lado, la carretera y los coches y los conductores ciegos a la cabeza inclinada de esta planta. Parece un niño cabezón. Parece un alienígena enviado por una civilización lejana para estudiar nuestra peculiar forma de vida. El extraterrestre hace esfuerzos por caminar pero encuentra sus anómalos pseudópodos atrapados en una grieta del asfalto. Quizá por esta razón pasa cabizbajo la mayor parte del tiempo. Misión fallida; envíen misión de rescate.

El girasol en el arcén es un poema.

Y al revés, las palabras a veces son flores que crecen en las aceras de las ciudades. Y en los arcenes. Está en nuestra mano recogerlas de las esquinas y los bordillos y las paredes de las casas viejas. Buscarlas en las geografías privadas de los barrios, en el relieve mínimo que una vez perteneció al territorio de nuestros juegos infantiles. Y construir cosas bonitas con ellas.

“Y al revés, las palabras a veces son flores que crecen en las aceras de las ciudades. Y en los arcenes”

Y en ocasiones hallamos auténticos ramos envueltos en papel. Los encontramos en las calles bajo el sol y la lluvia. En invierno a pesar de las heladas. Origami de sílabas. Eso es lo que hace la gente de DGRATIS. Sembrar los rincones de la ciudad con ramos de palabras. Siembran en viernes, que es un buen día, porque siempre ha sido este un buen día: cantaba Van Morrison que todo va a ir bien en un viernes. Y mucho mejor cuando en la mañana encontramos, como en una exposición callejera de floricultura, estos regalos de papel. Eso es lo que hace la gente de DGRATIS.

Eso, y contar. Las personas necesitamos que nos cuenten las cosas, que nos narren la realidad. Necesitamos relatos, escuchar y leer voces que sepan reconstruir y ordenar el día a día para entender, para entendernos, o para llegar a la conclusión de que no nos entendemos de ninguna de las maneras posibles. Algunos necesitamos escribir esos relatos para intentar transformar, siempre sin éxito, esa realidad. Y seguiremos haciéndolo, sirva para algo o no, como recoger fresas bajo un huracán: ¿para qué? No es para qué, sino por qué: porque lo tenemos dentro.

¿Imagináis a la gente de DGRATIS en su lugar de trabajo? Concentrados en hacer periódicos como floristas empeñados en conseguir el más vistoso de los ramos. Es un trabajo especial y difícil. Es uno de esos trabajos que hacen más bonito el levantarse por la mañana. En DGRATIS están sus manos y, gracias a su buen hacer, en sus páginas estamos todos.

Trece años ya desde aquel número uno. Quinientos cincuenta números desde entonces. Muchos años de entrega oteando horizontes desde las cuatro paredes de una redacción. Eso sí que tiene mérito. Como los poemas en la calle. Como los girasoles que crecen en los arcenes.

vallsgordejo@hotmail.com

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