Lo incierto

RELATO. MANUEL VALLS GORDEJO

Piensa en el primero que se decidió a subir a un conjunto de tablas unidas entre sí de tal manera que presentaban un mínimo de flotabilidad y una escasísima habitabilidad y se dijo: vamos a ver qué hay allí. Piensa que ese allí era el horizonte, la línea del más allá, esa parte de la geografía que, cuando era representada en los mapas, se abría a un espacio en blanco lleno de la nada más absoluta. A las puertas de esa nada se escribía: hic sunt dracones. Aquí hay dragones. Piensa en el primero que miró hacia arriba en la base de un gigante de roca cuya cumbre se perdía en las nubes y se dijo: ¿y si subo a ver qué hay allí? Piensa en los primeros que se decidieron a volar, en el vértigo de perder el contacto con el suelo que inauguraron Dédalo e Ícaro. Piensa en los primeros que vieron la Tierra desde fuera, ingrávidos, colgados en el vacío a una distancia enloquecedora o puestos en pie sobre la superficie de mares de silencio, inmóviles, lejanísimos.

Piensa en ellos. Decía Pascal en sus Pensamientos que los seres humanos poseían una serie de cualidades buenas entre las que estaban, entre otras, trabajar por lo incierto, navegar por el mar, pasar por encima de una tabla.

Piensa en ello y mírame.

Yo trabajo por lo incierto. Porque es lo único seguro, en realidad. Trabajar por lo incierto es mirar a la tormenta a la cara y entrar en ella muerto de pánico para encontrar el tesoro que descansa en el ojo del huracán. Trabajar por lo incierto es enfrentarse todos los días al hecho de que vuelven a ser las siete de la mañana y llevar anticipando este momento desde hace más de una hora, perfectamente consciente, desterrado del hogar de Morfeo. Escribir sin saber qué palabra va a seguir a la primera, y después a la segunda, y así siempre. Recoger fresas un día tras otro con fe inquebrantable. Erigirse en héroe de la paciencia. Esperar, esperar, esperar. Escribir, escribir, escribir. Pero esperar, sobre todo. Desayunar, hacer la compra, comer, trabajar, dormir, pasear, ver la televisión: pero esperando. Trabajar por lo incierto es salir de dentro. Decía un personaje de Kafka: fuera de aquí, tal es mi meta. Eso es; cabalgar fuera de aquí, de una vez por todas, hasta donde viven los dragones, y volar con ellos. Trabajar por lo incierto es rebelarse contra la propia extinción. Es rebelarse contra todos: contra la falsa superioridad moral, contra la maledicencia, contra la envidia. Contra todos y cada uno. Sin descanso. Es arrastrarse en la frontera del agotamiento, un minuto tras otro, sin saber cómo es posible mantenerse aún en pie, pero con las manos apuntando hacia el horizonte, hacia ese allí.

Piensa en eso y mírame. Aquí estoy. Soy el que vuela con los dragones, el recolector de fresas, el que espera, el rebelde con una causa, el incansable. No debería estar en pie pero lo estoy. Trabajo por lo incierto, pero porque sé que es cierto. Mírame. Aquí estoy. Sé que es cierto.
mvallsgordejo@hotmail.commvallsgordejo@hotmail.com

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