Fresas

Relato: Manuel Valls Gordejo

1. Es esta mañana en la que despierta con el cuerpo dolorido después de una noche más. Las noches se han convertido en eso, en noches más, y los días han pasado a ser eso, días más. Las jornadas se han transformado en tareas que se deben completar sin ningún fin aparente, tan solo, quizá, el de acumular horas de luz y trabajos y horas de oscuridad y falso descanso. Es esta mañana en la que recuerda que ya no recuerda cómo se sentía antes.

2. Es jodido querer vivir en antes cuando, segundo a segundo, vivimos ahora. Es jodido querer seguir siendo quienes éramos cuando en realidad ya somos otros. Es jodido todo. Pero más jodido es seguir siendo la misma persona, inamovible como una roca obtusa al cambio. Por cierto: son los que no cambian, las rocas obtusas, las que intentan impedir desde sus ciegas torres de moralidad ruinosa el paso natural de la transformación. Y el camino está lleno de rocas, también por muy cierto. Afiladas por la erosión. Muy miserables.

3. Hay párrafos verdaderos y párrafos mentirosos. Este párrafo anterior le ha salido bastante verdadero al escritor. El escritor está modestamente contento. Es difícil que un escritor se sienta así. En serio.

4. En esta mañana hay luz, mucha luz. Hay un niño de pocos meses que llora. Hay una gaviota que cruza un rectángulo de cielo graznando algo que suena a reivindicación, a grito por la libertad. Gaviotas revolucionarias. Hay calma de mañana de verano. Hay dolor. Hay olor a café. Hay una empleada de floristería que copia con letra clara los mensajes de amor que recibe de los encargos hechos a través de su página web. En ocasiones se enamora un poco de algún cliente. Hay coches que pasan. Hay miedo. Hay una mujer que pasea con un perrito de aguas. El perro persigue a un gorrión que se ríe de él. Nada pasa y ocurre todo. Es exasperante que la vida no se detenga ante nada.

“El perro persigue a un gorrión que se ríe de él. Nada pasa y ocurre todo. Es exasperante que la vida no se detenga ante nada”

5. En el desayuno han dejado café y leche y alguna tostada. Levantarse tarde es lo que tiene. Han dejado unas pocas fresas. Se lleva a la boca la primera y la fruta madura se desliza dulce detrás de sus labios y escucha de nuevo el grito libertario de una gaviota. Al morder la segunda se da cuenta de que la radio está encendida y está sonando una canción antigua de soul de los sesenta, una canción luminosa que habla de amor, let´s wade in the water, cantan, caminemos sobre el agua; navegar por el mar, piensa, mientras muerde la tercera fresa, navegar por el mar, y percibe ahora el aire que entra por la ventana abierta, y la cuarta fresa le hace sentir las manos y los pies y las piernas y los brazos y, a medida que come, siente su respiración y su pulso, ese que pensaba extinto desde hacía más de un año, y se enfrenta al hecho de no ser la misma persona, sino de ser otra, dolorosamente viva, y enamorada: viva. Y se pone en pie, y le duele hasta el alma, pero comienza a caminar porque está viva. Tararea una canción de amor de soul sesentero. Y busca un barco en la costa para navegar. Bueno, en realidad ya lo tiene escogido. Es que antes le daba miedo el mar. Pero ya no es antes, es ahora.

mvallsgordejo@hotmail.com

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