La cuna de Castilla

La mirada del viajero | Roberto Bernal

Hablar de los orígenes de Castilla es hablar de Las Merindades. Comarca del norte de la provincia de Burgos que limita con Cantabria, Vizcaya y Álava, en el que su paisaje está condicionado por la cordillera cantábrica y el río Ebro.

Viajar a este territorio salpicado de numerosas torres y castillos, es más que asomarse a estos o a sus iglesias románicas, casas solariegas y preciosa naturaleza. Es la experiencia de adentrarse en el núcleo originario de la primitiva Castilla, de algo pequeño y sencillo que luego se hará grande. Los sentidos del atento viajero perciben de lleno ese profundo carácter histórico que engancha nada más llegar.
El norte de la Península fue el reducto contra la invasión musulmana y pronto este territorio se sumó también a la Reconquista. Dará lugar al condado de Castilla, luego reino de Castilla y cuyo devenir histórico lo hará confluir con el reino de León, para ser valedor de lo que siglos después será España.

Recomendable iniciar este viaje desde el Valle de Mena, al norte de la comarca, pegado a Vizcaya. El municipio central es Villasana de Mena. Siones, Cantonad o Lezana de Mena, son algunos de los lugares a visitar y especialmente un lugar nada esplendoroso pero muy simbólico: Taranco. Lugar donde un monumento en piedra nos recuerda que en el año 800 se cita por primera vez la palabra Castilla, en concreto en el documento fundacional del Monasterio de Taranco. Este término surgió para hacer referencia al conjunto de pequeños territorios situados al norte del Ebro que se caracterizaban por los abundantes edificios defensivos allí levantados.

Luego, Espinosa de los Monteros y el monumento natural Kárstico de Ojo Guareña, el conjunto de cuevas más extenso de la Península Ibérica.

“El norte de la Península fue el reducto contra la invasión musulmana y pronto este territorio se sumó también a la Reconquista”

Siguiendo nuestro recorrido pasamos por el singular Puentedey, y visitamos Medina de Pomar, en la llamada Merindad de Castilla la Vieja, antigua capital de las Merindades, destacando su antiguo castillo. Después continuamos hacia las dos poblaciones finales del recorrido y más destacables: Frías y Oña, ya en el extremo sur de la comarca, pudiendo desviarnos, si tenemos tiempo, para ver el Valle de Valdivieso, cuyos pueblos pequeños bañados por el río Ebro hacen de este valle un lugar para el descanso y disfrute de su naturaleza. Puente Arenas, con una de las Iglesias románicas más interesantes de todo el arte románico español o Valdenoceda con su torre de los Velasco, son sitios a visitar.

Llegamos a Frías, uno de los pueblos más bonitos de España. Ubicado en una atalaya con castillo, casas colgadas, empinadas calles y su gran puente medieval sobre el río Ebro le otorgan un sabor medieval absoluto.

Y finalmente Oña, la gran villa condal, donde se jugó un papel crucial en el nacimiento de Castilla. Destacable su Monasterio de San Salvador y la teatralización histórica que se celebra todos los años en agosto llamada el Cronicón de Oña, que representa los hechos relacionados con los grandes personajes de la Castilla de los siglos X y XI.

Viaje especial, sí; pues el viajero que luego transite por cualquier otro lugar de la extensa región de Castilla y León, recordará siempre aquel pequeño territorio surgido en un rincón, entre cántabros y vascos.

rbernal@hotmail.es

¿Quieres ser el primero en comentar?

Deja un comentario

Tu dirección de correo no será publicada.


*