Una pelota de playa de 80 kilos

El Astronauta Impertinente

Tengo el firme propósito de compartir este rato con ustedes, exactamente el tiempo que les lleve leer esta confesión mía en las páginas de DGratis, sin hacer alusión alguna al tema. ¿Que qué tema? Pues empezamos bien, ya me quieren tirar de la lengua. Esta semana toca rendir homenaje a los 60 años del primer cacharrito que los humanos pusieron a dar vueltas alrededor de la tierra. El ‘Sputnik’ que los soviéticos lanzaron al espacio el 4 de octubre de 1957 supuso oficialmente el inicio de la carrera espacial, forzó a EEUU a crear la NASA a todo correr y empujaría también a los yanquis a poner en marcha cinco meses más tarde la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada (ARPA), que años después alumbraría una red de comunicación que fue germen de internet. Todo eso hace ahora seis décadas, fíjense.

“El Sputnik pesaba como la sexta parte del cursi del elefante de Barceló, que por fin nos ha dejado tranquilos”

Se habló mucho por entonces de aquel trasto esférico, del tamaño de una pelota inflable de playa. Pesaba 83 kilos nada más, lo mismo que cualquier ciudadano con cierto sobrepeso que posterga un día sí y otro también su inscripción en el gimnasio. Pero desde luego bastante menos, como la sexta parte, que el cursi del elefante de Barceló, que por fin se ha marchado de la ciudad dejándonos bastante más tranquilos. Ya saben que no me caía muy bien y no me he podido aguantar.

De alguna manera, el éxito del “Sputnik” explica entre otras muchas cosas que yo esté en la Catedral desde hace más de 25 años. Fue el origen de casi todo, y hasta puso apellido a una generación de escritores estadounidenses, la generación ‘beat’ de Kerouak, Ginsberg y otros, que pasó a ser conocida de forma un tanto despectiva como los ‘beatnik’.

Y todo vino por el lanzamiento de este cacharrito que emitía ondas de radio, recogía información sobre la densidad de las capas altas de la atmósfera y poco más, aparte de acojonar bastante a los americanos. No duró mucho orbitando alrededor de la Tierra. Más o menos, lo que el elefante de Barceló en Plaza, unos cinco meses, hasta que se le acabaron las baterías y se desintegró.

La próxima vez que nos veamos les tendré que contar la historia de ‘Sputnik II’, el de la perrita Laika. Lo que sea para seguir esquivando el tema. ¿Qué qué tema? Uf, qué cansinos son ustedes.

astroimper@telefonica.net

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