Una hora de más

El Astronauta Impertinente

Este fin de semana toca cambiar la hora y me acechan un año más las dudas sobre la utilidad de esta medida. Dicen los que saben que al retrasar una hora el reloj ahora que avanzamos hacia el invierno ahorraremos energía acomodando nuestra hora al ciclo de la luz solar. En España el asunto sigue generando controversia de esa que podrá considerarse de baja intensidad, de la que enciende disputas en los bares o charlas en el ascensor pero que siempre termina en empate porque nadie domina el tema con el rigor suficiente.

En la Portada de Ramos de la Catedral vemos llegar estas fechas señaladas para el cambio de hora con el mismo interés que contemplan las vacas del campo el paso del tren. El asunto en cuestión no nos compete. Muchos recordamos bien el ridículo que hizo aquella estatua de Salamanca, una de las más recientes, que no disimulaba su emoción cuando en 1996 se anunció que el cambio de hora del otoño pasaría a efectuarse en octubre en lugar de septiembre como hasta entonces. No puedo revelar su identidad porque prometí en su día guardar el secreto: fueron muchas las risas que nos echamos en su cara cuando en la mañana siguiente nos confesó que había cambiado la hora a su reloj de muñeca, y esta es la única pista que les daré: que es tan contemporáneo que lleva reloj. Fue la primera y única vez que una estatua de la capital se ha preocupado por esas trivialidades tan propias de humanos.

Otro debate bien distinto sería el que nos llevara a analizar el uso que daríamos a una hora caída del cielo, sesenta minutos que aportaran a nuestras vidas una oportunidad extraordinaria e irrepetible. Que una escultura con un libre albedrío realmente escaso se plantee estos dilemas podría considerarse una memez, pero como hombre de ciencia que soy, me gusta dejarme llevar por ese apasionante concepto cuántico de realidades paralelas y hechos antagónicos que se dan simultáneamente.

Ustedes me ven aquí posando pero al mismo tiempo sobrevuelo la ciudad y estoy al corriente de todo lo que pasa. Lo mismo que decir que estoy dispuesto al diálogo pero luego no me siento a dialogar porque no me van a hacer ningún caso. Ya me entienden. Así de complicado es todo.

astroimper@telefonica.net

 

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