Nuevo inquilino en la Plaza

El Astronauta Impertinente

Este viernes es una de esas fechas que vienen subrayados en el calendario astronómico. Hoy es el equinoccio de otoño, y eso significa que el día durará exactamente tanto como la noche. Esta circunstancia en el ambiente que vivimos puede resultar incluso peligrosa por practicar la equidistancia, postura de la que abominan tanto quienes militan en el movimiento independentista catalán como los partidarios de la aplicación de la ley a rajatabla, como el Gobierno. Parece que no se puede ser equidistante y que hay que situarse en un bando o en otro. Si uno no se moja corre el riesgo de convertirse en objetivo de los palos desde cualquiera de las dos trincheras.

Los acontecimientos de Cataluña son los protagonistas de muchas de las charlas de los corrillos que estos días se forman entre las estatuas de Salamanca. También aquí el ambiente anda algo agitado después del fin de las Ferias y Fiestas y parece que hay que distraerse con algo. En la Plaza Mayor, la inquietud se centra en la llegada de un nuevo inquilino de aquí al próximo año. Será el medallón número 89 sobre los soportales de la Plaza, que hace meses dieron el finiquito a Paco Franco. Del nuevo se sabe bastante menos. Pero el hecho de que se llame Alfonso ya ha despertado recelos por buena parte del estatuario local.

“El hecho de que el nuevo medallón se llame Alfonso ya ha despertado recelos por buena parte del estatuario local”

Alguno se dejó llevar por el alarmismo en primer término cuando se precipitó a criticar que @alferma1 pretendiera homenajearse a sí mismo nada menos que en un medallón de la Plaza. Pero luego todo se aclaró cuando supimos que se trata de Alfonso IX, el rey de León bajo cuyo mandato se fundó el Estudio Salmantino en 1218. La ciudad está en deuda con él como impulsor de la actual Universidad, que junto al Ayuntamiento han propuesto su colocación como una iniciativa más de la celebración de los 800 años.

Tendremos tiempo de adentrarnos en la figura de este zamorano de tormentosa vida personal y que, de hecho, también pasó a la historia como último rey de León antes de que su hijo Fernando, con quien estaba enemistado, le sucediera asumiendo las dos coronas. Historias viejas que no dejan de tener su vigencia, a la vista de las intrigas palaciegas de hoy. Habrá democracia, sí, pero la misma ambición de poder, aunque con distintas apariencias.

astroimper@telefonica.es

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