Mujeres y escultura

El Astronauta Impertinente

Estaba yo meditando esta semana sobre la agrupación de planetas que se está produciendo esta semana en el cielo, con la reunión de Marte, Júpiter y Saturno visitados a cierta hora de cada noche por la Luna cuando de pronto me caí del guindo y aterricé en una realidad bastante sangrante y nada relacionada con la astronomía. ¿Por qué hay tan pocas figuras femeninas entre las esculturas de Salamanca? ¿Es que no ha habido salmantinas en la historia que mereciesen el reconocimiento popular? Las respuestas a ambas cuestiones, como no podría ser de otra manera, se pueden resumir en una sola: porque los alcaldes de turno no tuvieron las suficientes luces para homenajear la valía de las conciudadanas más destacadas. Así de claro. Y yo, como escultura que, aunque joven y diminuta, ya soy ilustre a la par que internacional, me atrevo a decirlo así de claro.

El grito de protesta que esta semana se escuchó en Salamanca, en España y en todo el mundo debe tener su correspondiente eco en el estatuario local, convertido tras siglos de marginación femenina en el consabido ‘campo de nabos’ de piedra, bronce o el material que sea. Pero nabos. Se dice para intentar explicar esta demostración palmaria de desigualdad que el arte, como tantas expresiones humanas, son resultado de la cultura imperante, y que durante todos estos siglos la mujer ha sido relegada a una segunda fila en la toma de decisiones.

“El grito de protesta que esta semana se escuchó en Salamanca debe tener su correspondiente eco en el estatutario local”

Esto explicaría el déficit de estatuas femeninas en tiempos remotos, pero no se sostiene que, por poner un ejemplo, en lo que va de siglo XXI solo recuerdo a la Madre Bonifacia de la Gran Vía como única mujer que mereció, según los que mandan, un recuerdo en forma de efigie. Por el contrario, se levantaron esculturas a El Viti y Julio Robles, a Churriguera y al Conde Francos, a Pepe Ledesma y a Gonzalo Torrente Ballester.

Pues no, señores. Va siendo hora de que apliquemos algo de discriminación positiva para ir lavando nuestras vergüenzas. El movimiento de inspiración feminista que este año ha prendido como el fuego en paja seca debería sonrojar a más de uno que sigue mirando con condescendencia a la mitad de la población minusvalorando su valía y sus capacidades. Lo de las estatuas no es más que un símbolo, pero a mí me sirve para sumarme al ruido necesario.

astroimper@telefonica.net

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