Me da igual ese elefante de las narices

El astronauta impertinente

El astronauta impertinente¿Celoso yo? Qué va, hombre. ¿Cómo me va a importar que todo el mundo prefiera desde hace una semana hacerse fotos con el elefante de Barceló? Por favor, es una tontería creer que estoy molesto porque los turistas van a pasar olímpicamente de mí hasta octubre.

O que me duele ver a todos los salmantinos y los turistas haciendo la cuenta atrás hasta la hora en punto para ver cómo la gigantesca escultura suelta una humeante ventosidad… Es ridículo pensar que envidio al paquidermo de la Plaza porque durante seis meses todos ustedes solo tendrán ojos para él. Venga.

Pues será una tontería y será también ridículo y todo lo que ustedes quieran, pero no soporto a ese bicho. No sé para qué ha tenido que venir a Salamanca con todas esas instalaciones raras a comernos el pan, a remover y alterar la tranquilidad en la que vivíamos en una ciudad que rebosa belleza por cada rincón.

Me llamarán antiguo y rancio y no sé qué más, pero creo, desde un punto de vista meramente artístico, que la iniciativa de la Universidad de Salamanca ha sido una puñalada trapera para todos los que durante siglos (bueno, yo apenas 25 años, pero esta es una nimiedad muy poco relevante) hemos sostenido en piedra de Villamayor la belleza de nuestra ciudad dorada.

“Daniel, si querías dejar un buen recuerdo antes de las elecciones podías haberte tirado en parapente”

El rector Daniel Hernández Ruipérez ha querido dárselas de moderno y de cool fichando al artista de Felanitx para dar que hablar en todo el mundo en su último año en el Rectorado. Bien, Daniel, si querías dejar un buen recuerdo antes de las elecciones podías haberte tirado en parapente, o hacer una donación a Save the Children, o traer a los coros del Ejército Ruso a cantar el Kalinka al Juan del Enzina, lo que quieras. Pero esto no, hombre, que nos quitas el público a las esculturas de toda la vida.

Que lo mismo después de esto nos siembran en años venideros las obras del DA2 por las calles y descubrimos a estas alturas que a esa gente que no pisó en 25 años el centro de arte de la avenida de la Aldehuela le va a gustar al final el arte contemporáneo, pero solo cuando está fuera de sitio.

A mí ese elefante de las narices me da igual, lo mismo que las macetas blandas o las cerillas. Pero una noche de éstas voy a acercarme con un bate de béisbol a ver si le doy bien en la trompa y tenemos un atentado artístico. Voy avisando.

astroimper@telefonica.net

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