Los cosmonautas y nuestras manías

El Astronauta Impertinente

Ya tenemos programa de Ferias y Fiestas, la Mariseca anuncia la feria taurina desde lo alto del Ayuntamiento y hay tres ciudadanos del mundo de los que sabemos con certeza que no nos visitarán en septiembre. Son tres de mis colegas, uno ruso, otro estadounidense y un tercero italiano que despegan esta misma tarde de la base de Baikonur en Kazajistán y que pasarán 139 días, que equivale a algo más de cuatro meses, dando vueltas sobre nuestras cabezas en la estación Espacial Internacional.

Yo les deseo los mayores éxitos en su misión aséptica, hermética e ingrávida, pero, ay, amigos Serguéi, Randolph y Paolo, en la ISS no tenéis los pinchos de panceta que nos apretaremos en las casetas de la Feria de Día por las (olorosas) calles del centro.

En homenaje a estos compañeros que hoy embarcan en la nave Soyuz para emprender este viajecito de trabajo, he decidido darles un homenaje contándoles a ustedes algunas de las supersticiones que los cosmonautas (que así se les conoce en Rusia desde la época soviética) cumplen a rajatabla antes de cada misión. Muchas de estas rutinas se remontan al viaje del mismísimo Yuri Gagarin, mi padrino, como la de plantar un árbol en los jardines del hotel donde se alojan antes de dirigirse a la base de lanzamiento. Otras supersticiones surgieron a partir de acontecimientos desafortunados en misiones anteriores, como cortarse el pelo el último día (el primer astronauta bigotudo tuvo que ser evacuado antes de tiempo de la Soyuz 21 por un problema de salud).

“Acostumbran a orinar en la rueda del autobús que les lleva al despegue, igual que hizo Gagarin cuando le dio un apretón”

La costumbre de ver la película soviética Sol blanco del desierto imita lo que hicieron los hombres de la misión Soyuz 12 después de que la Soyuz 11 se estrellara en el regreso. Los cosmonautas también estampan su firma en la puerta de la habitación donde duermen la noche anterior al despegue, al igual que hizo Gagarin, y, atención, acostumbran a orinar en la rueda del autobús que les lleva a la pista de despegue, exactamente igual que hizo el precursor cuando le dio un apretón de vejiga y vio que no llegaba al cohete. Y al subir las escaleras hacia la nave, su jefe les desea suerte con una simbólica patada en el trasero.

Luego dicen de las manías de los toreros. Unos frívolos despreocupados es lo que son al lado de éstos.

astroimper@telefonica.net

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