Hora de venirme arriba

El Astronauta Impertinente

Pensaba que saldría de ellos, pero no, qué va. Tuve que plantarme en el despacho de la directora, poner la escafandra sobre la mesa y después de mirarla fijamente y respirar hondo mientras contaba mentalmente hasta 3,1416 -la gente normal cuenta hasta tres, pero yo soy hombre de ciencia y tengo mis cosas- abrí la boca para decirlo y lo que oí que salía de mis labios fue: “Pues sí que se está quedando buena tarde…”.

No tuve arrestos. Tampoco esta vez. Y mira que llevaba tiempo preparando este momento. En numerosas ocasiones me imaginé diciendo “Ya está bien: quiero un aumento de sueldo y firmar como ‘Don Astronauta Impertinente’. Que se reconozca mi categoría y mi popularidad”. Pero cuando llega el momento, siempre me rajo.

Venía de una semana de subidón. Quizás mis sensaciones no eran reales, no sé. Pero si ustedes han seguido el Festival de Luz y Vanguardias y me han visto proyectado en movimiento en la fachada del Ayuntamiento, o en versiones de colorines en la Casa de las Conchas, convendrán conmigo en que mi faceta de icono charro-moderno está plenamente consolidada.

“Convendrán conmigo en que mi faceta de icono charro-moderno está plenamente consolidada”

Dicen que la rana de la Universidad, que siempre fue amiga y colega, ya ha empezado a propagar infundios sobre mí. Me lo han contado amigos comunes de toda solvencia y respetado pedestal. Yo hago como que no me importa, pero un día vamos a discutir y no quisiera protagonizar otro incidente patrimonial y salir en las noticias después de lo de Franco.

Toda esta exhibición pública unida al reportaje que el otro día me sacaron en la prensa local con motivo de mi 25 cumpleaños en la Puerta de Ramos me han hecho venirme arriba, lo admito. Estoy considerando la posibilidad de hacer ‘un Cristiano’ y difundir el bulo de que tengo una oferta para escribir en la competencia. Cuando me asaltan esas peregrinas ideas, enseguida me rajo porque, amigos, es sabido que no tenemos competencia. Y que yo me marchara es algo tan improbable como que me trasplanten a la catedral de León. Soy un blando, lo sé. Y lo de ‘don Astronauta’, pensándolo bien, es un poco gilipollez. Será este calorazo que me ha cocido las neuronas. En fin, hagan como no me han leído.

astroimper@telefonica.net

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