El día que Pedro me invitó a Doñana

El Astronauta Impertinente

Tenía pensado haberme tomado dos semanitas de vacaciones en torno a estas fechas, aprovechando que Pedro Sánchez me invitó a pasar unos días con ellos en Doñana. Últimamente noto que por fin se me está teniendo en cuenta en los saraos de las altas esferas. No pasa un mes en el que no reciba tres o cuatro invitaciones a un cóctel, una inauguración de una exposición o la presentación de un libro por parte de algún autor destacado. Me barrunto que tendrá que ver con la presencia de mi colega Pedro, el Duque, en el Consejo de Ministros, y que realmente una vez que los astronautas nos hemos puesto de moda, tampoco somos tantos en el candelero para poner nuestro toque exótico científico en las fiestas. Por lo general me veo obligado a rechazar estas invitaciones. Los lectores más veteranos recordarán que antes yo contaba con la colaboración de un doble para situaciones de riesgo -la ausencia, en mi caso, es una situación de mucho riesgo, sobre todo para el deán de la catedral-, pero desde la última vez que pasé por chapa y pintura, siento más mi responsabilidad como icono de la ciudad y atractivo de turistas de toda índole y condición. Así que prefiero apechugar con mi importante papel. Hasta que Pedro me llamó pidiéndome que les visitara en Doñana.

Una vez que los astronautas nos hemos puesto de moda, tampoco somos tantos en el candelero para poner nuestro toque exótico

En este punto les diré que no es fácil pasar el verano colgado en el flanco de una puerta de un catedral, aunque mi orientación más o menos al norte de proteja a menudos de las horas de sol más intensas. En estas fechas hay menos turistas y me falta la necesaria tensión para estar aguantando la pose que mi creador me dio, todo elegante, todo ingrávido, en pleno paseo espacial. Se me estaba haciendo especialmente duro este año, no sé si por la edad, por la falta de alicientes, hasta que se montó el revuelo con el desplazamiento en avión oficial del presidente del Gobierno al FIB de Benicàssim a un concierto, disfrazado de agenda cultural tras una par de reuniones políticas de paripé. Me pareció una actitud tan cutre que cuando Pedro me llamó para acercarme a Doñana añadiendo que me mandaba el Falcón a Matacán, casi agradecí que se me colara la Merkel y que en Moncloa me tuvieran que llamar de nuevo para cancelar la escapada ‘hasta una mejor ocasión’.

astroimper@telefonica.net

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