El asteroide que vino a vernos

El astronauta impertinente

Un asteroide, en una imagen de Pixabay.

El astronauta impertinenteSigo vivo. Es todo lo que alcanzo a decir después de la semana de locos que superamos aquí en la catedral con tanta procesión y tanto turista internacional. Un día de estos la Semana Santa acabará conmigo o yo acabaré con ella, aunque esto lo veo más difícil.

Al positivo balance de las procesiones que recorrieron las calles del centro hay que sumar la satisfacción del sector de la hostelería por el buen resultado económico que dejaron los turistas que se acercaron a Salamanca.

Y toda esta satisfacción se pudo ir al garete el miércoles, miren ustedes qué cosas, si el asteroide 2014 JO25 se llega a desviar un poco de su órbita, y se estrella, pongamos por ejemplo en la finca Valcuevo. En lo alto del monolito que recuerda a Colón, para ser más exactos. Elucubraciones como esta me llevan a menudo a pensar en la fugacidad de la vida, en lo azaroso del destino, en todas esas mandangas.

Hablamos del asteroide que, con sus más de 600 metros de ancho, se acercó a nuestro planeta a una distancia equivalente a 4,6 veces la que separa la tierra de la Luna. Una nimiedad. Porque 1,8 millones de kilómetros será mucho para un maratoniano cansado, pero en términos astronómicos no son nada en el espacio. Hacía trece años que un asteroide no se acercaba tanto a la tierra. Entonces fue el Toutatis –sí, justamente, el Dios al que imploraba el galo Obelix en sus momentos de desconcierto o enojo- el que se arrimó a ‘solo’ 1,6 millones de kilómetros, un poco menos que el de esta semana.

Dicen que el de esta semana venía a ser grande como el peñón de Gibraltar. Afortunado símil en estos momentos de litigios diplomáticos. El caso es que hace trece años fue 2004, y mientras el asteroide Toutatis se dejaba ver por la tierra, comenzaba la andadura de este semanario DGRATIS y yo con él. Por eso conocer la historia de estos dos últimos asteroides me tocó la patata el otro día. Uno tiene su corazoncito: vigilado, eso sí, por varios monitores conectados al viaje espacial.

El asteroide que vino a vernos esta semana se acercó, vio y se fue, no hubo necesidad de enviar a Bruce Willis para evitar el Armagedon. Tal vez atisbó los capirotes y decidió que este no era su lugar. Dentro de 500 años su órbita volverá a traerlo a nosotros. Vayan esperando sentados.

astroimper@telefonica.net

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