“En cuanto salen los árbitros al campo les veo el pelaje”

Francisco Ibáñez Sardina dedica gran parte de su tiempo libre, gracias a su condición de jubilado, a una de sus pasiones: el fútbol. Su función es informar sobre la actuación de los árbitros en los partidos y puntuarles para que suban -o no- de categoría, misión que realiza como integrante del Colegio de Árbitros de Salamanca

Francisco Ibáñez Sardina, informador de fútbol.

La jubilación puede ser una gran aliada para aquellas personas que, durante su vida laboral, no tuvieron todo el tiempo deseado para dedicarse a su pasatiempo favorito.

Francisco Ibáñez (más conocido por su segundo apellido, Sardina) es un retirado de la empresa salmantina Metalúrgica del Tormes -auxiliar de Mirat- pero, desde su infancia, una de sus pasiones siempre fue el fútbol y, en la actualidad, puede dedicar más tiempo a la tarea de informador, función que realiza dentro del Colegio de Árbitros de Salamanca al que pertenece. “Esto lo hago porque, a parte de que me trae muchas satisfacciones, me da la oportunidad de seguir en contacto con los chavales, de relacionarme con el mundo del fútbol y es un buen mecanismo para desconectar. Es una ocupación que me sirve, sobre todo, para relajarme y, ahora que estoy jubilado, le puedo dedicar más tiempo de lo que le destinaba antes”.

“El arbitraje me ha dado muchas satisfacciones como la experiencia del amistoso AFE España-Rumanía ”

Entre otras palabras: él es quien decide si un árbitro sube o baja de división o categoría. “Sabe más el zorro por viejo y, en cuanto los árbitros salen al campo, les veo el pelaje”, bromea Sardina. Y, aunque asegura que no es “ni duro ni blando” sino que trata de ser “lo más justo posible”, confiesa que, en alguna ocasión cuando acababa de aterrizar en el campo, nada más poner el pié en el césped ha escuchado: “Viene Sardina, estad al loro que éste os enchufa”, comenta entre risas. “Pero no les meto mucha caña. Cuando acaba el partido, entro en el vestuario y jamás les doy ninguna valoración personal y más si no han estado muy acertados porque corres el riesgo de acabar con la moral de estos chicos”. “Y, quizá, se lleve menos puntuación uno que lo ha hecho bien y cuyo partido ha sido fácil de arbitrar, que otro que se haya podido equivocar pero ha estado en un partido difícil”.

“Hay que tirar de la juventud y los árbitros deben estar muy bien preparados físicamente como de cultura general”

Arriba, Sardina con la vestimenta actual como informador y, en la fotografía de abajo, a la derecha, hace más de 30 años como parte del equipo arbitral.

Toda una vida futbolera
Cuando Sardina aterrizó en Salamanca allá por el año 1968, proveniente de Brañosera (Palencia) comenzó a compaginar su trabajo con el fútbol, deporte nacional por excelencia. Pero no veía carrera de esta actividad pues según asegura, “no era muy bueno”, así que apostó por el arbitraje. En esa misma temporada (68-69), coincidió con el salmantino internacional Joaquín Ramos Marcos y recuerda con cariño cómo se desplazaba por todos los campos de España.

“Los árbitros también estudian y, para ascender, tienen que pasar determinadas pruebas tanto físicas como de cultura general”, aclara. “Por aquél entonces, no tenía tiempo para estudiar y tenía que competir con gente que estaba en la universidad”. Así que decidió dejar el arbitraje voluntariamente hacia el año 1986 para “dejar paso a los más jóvenes y con mayores probabilidades de ascenso”. Muchos fueron los partidos que arbitró y muchas son las anécdotas vividas; como la que le hizo ‘huir’ de un campo de fútbol en Burgos cuando se disputaba el Universitario de Valladolid contra el local. “No gustó mucho que pitase un penalti casi en tiempo de descuento así que me tocó salir escoltado unos 30 kilómetros”.

No obstante, uno de los recuerdos “más especiales” fue el encuentro internacional amistoso España-Rumanía a favor de AFE, como premio que le otorgó el Colegio de Árbitros cuando dejó esta labor. “Ese partido era un caramelito y me siento muy honrado de haberlo arbitrado”.

No se marchó muy lejos pues pasó a ser informador, actividad que desempeña desde la temporada 87/88 hasta la actualidad. Treinta años valorando la actuación de los árbitros.

Del Colegio de Árbitros sólo tiene buenas palabras desde su presidente, Francisco Javier Gómez a la secretaria, Laura, que le ayuda con temas de nuevas tecnologías cuando tiene que enviar correos electrónicos. “Además, tenemos la suerte de contar con un profesor, Alberto González, que prepara a los chicos para que superen con éxito los exámenes porque hay que tirar de la juventud. Si una persona con 25 años se quiere iniciar en esto, no tiene porvenir, deben hacerlo desde los 14 ó 16 años”.

En cuanto a la cantera, Sardina recuerda la época dorada’ sobre 1983, cuando el colegio cumplía su cincuenta aniversario. “Pero, en la actualidad, contamos con una buena remesa que está muy preparada físicamente y para los que se exige, además, un buen comportamiento”.

Aún es pronto para retirarse, pero de hacerlo podría dejar sucesión: a su nieto Pablo Ibáñez que con 15 años pretende iniciarse en el arbitraje.

El informador
Según uno de los informadores pertenecientes al Colegio de Árbitros de Salamanca, Francisco Ibáñez Sardina, la tarea a cumplir no es sencilla. “Poner puntuación a los árbitros requiere de una sucesión de cuestiones. Hay que fijarse en un todo, desde el comportamiento y actitud en cuanto pisa el terreno de juego hasta que acierte en la medida de lo posible o de que tenga el menor número de fallos. Debe correr y contar con una buena preparación física pero también se valora si ha tenido un partido fácil o no”, asegura.

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