“Nunca eres la misma persona después del cáncer, porque te cambia la forma de ver la vida y de sentir”

A María José Sánchez le diagnosticaron la enfermedad hace tres años, cuando inició una batalla que afronta con positividad y centrada en el voluntariado

María José Sánchez, en la carpa de la AECC de Salamanca en la plaza del Liceo.

Cuando María José Sánchez supo de su cáncer tenía 48 años y una hija de 6. A la niña se lo explicó todo desde el principio. Le dijo que se le caería el pelo, pero que seguiría estando guapa, “porque mamá es guapa con pelo y sin él”.  Le dijo que tenía cáncer, pero que no se iba a morir, dijera lo que dijera la gente. Porque en ocasiones la gente “no sabe cómo reaccionar” ante ciertas cosas y se empeña en decir algo siempre, “aunque a veces es mejor un silencio que una mala palabra”, sobre todo si hay niños delante.

En los tres años que han pasado desde entonces María José ha pasado por quirófano tres veces y espera una cuarta. También por la quimioterapia. Explica que lo lleva bien, porque es “muy alegre”, y también porque con una hija pequeña es importante “normalizar” la situación y dejar de asociar el cáncer a un mal desenlace.

“Cuando empecé a perder el pelo me rapé la cabeza e hicimos la fiesta del pañuelo. La verdad es que yo estaba destrozada, con el alma partida, porque ese es el momento en el que le enseñas al mundo lo que te pasa y, al mirarte al espejo, te enfrentas a la enfermedad, pero nos hicimos fotos y fue muy bonito”, recuerda.

Emociones diversas

Explica que la batalla contra la enfermedad no es fácil y que en el proceso se pasa por infinidad de fases, todas ellas válidas. “Hay días que te sientes derrotada, otros con unas enormes ganas de luchar, otros en los que solo tienes ganas de quedarte en la cama… La gente te dice: tienes que salir, tienes que hablar… Bueno, no siempre. Hay momentos en los que te apetece hablar, pero también otros de reencuentro contigo misma. Del cáncer sales de otra forma. Nunca eres la misma persona, porque cambia tu forma de ver la vida y de sentir. Por ejemplo, creo que te vuelves más humano”, relata.

Ella nunca se ha visto “derrumbada” por la enfermedad y sus efectos. Más bien al contrario. Aunque tuvo que dejar el trabajo como consecuencia de las distintas cirugías, mantiene una frenética y enriquecedora actividad que pivota sobre un espíritu de servicio que desarrolla como catequista y realizando incontables tareas de voluntariado. En la Asociación Contra el Cáncer, en el Banco de Alimentos, en la Pastoral de Salud, en la Asociación Síndrome de Turner…

El suyo es un mensaje que rezuma fuerza, la misma que transmite a quienes libran actualmente la batalla, a los que recomienda “que busquen apoyo entre personas que les entiendan y que comprendan sus sentimientos”. Es lo que ella ha encontrado en la AECC de Salamanca, donde “compartimos actividades y charlas que no tienen por qué girar en torno al cáncer, porque de lo que se trata es de estar juntos y de pasarlo bien”.

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1 Comment

  1. Tengo la suerte de que sea mi amiga, mi compañera voluntaria y para mi un ejemplo cada día. Todo lo bueno q diga de ella es poco.
    Ella sabe que la quiero, apoyo y que estoy muy orgullosa de ella.

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